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martes, 9 de febrero de 2016

El guiñol

Otis B. Driftwood


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ya desde el punto de vista de la democracia representativa, y no hay otra, el gobierno municipal de Madrid es un guiñol.

Esto, como diría Groucho, lo entiende hasta un niño de cinco años (por cierto, que las vivencias de los primeros cinco años de la infancia ejercen, según Freud, una influencia determinante sobre la vida).

¡Que traigan un niño de cinco años! –gritaba Otis B. Driftwood en “Una noche en la ópera”.
Para proveer a estas necesidades en Podemos tenían a Errejón, que hace de niño de cinco años en las tertulias, pero los títeres son una cosa mal pagada (unos mil euros, de veintitantos mil presupuestados) y que no hay quién la aguante, ni siquiera Errejón, por lo que han de llevar a niños engañados y que carecen de lo que el marxismo llama “conciencia de clase”, talón de Aquiles de la farsa comunista, muy bien descrita por Pablemos cuando dice que lo suyo es la dictadura, pero que él la llama democracia porque vende más.

Los niños y los obreros carecen de conciencia de clase, razón por la cual la izquierda española se ve buscando clientela, históricamente, entre los nacionalistas separatistas, contra el catecismo de Lenin y Stalin, con lo que el mejunje ideológico de estos revolucionarios de garrafón (los etarras se dicen marxistas-leninistas; Errejón y Pablemos, leninistas-bolivarianistas; los perroflautas van de trotskistas; Carmena luce stalinista…) es más para “rave” de polígono que para guiñol de la capital.
El propio Pablemos dice en un video que el teatro (Sófocles, Shakespeare y tal) es “una mariconada”, idea que animaría a los titiriteros, subvencionófagos con olfato para orientarse, a cargar la mano en lo “bizarro” para agradar al jefe. La fiebre igualitarista hace el resto: por la Santa Igualdad, en efecto, la mamarrachada titiritera tiene el mismo valor cultural que “Antígona o “El Rey Lear”.

El orgullo es mi plan –dijo Hamilton, padre de la democracia representativa.
Pero España es hoy un país sin orgullo.
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Fe de errores.- La frase es de la película Sopa de ganso,
 pronunciada por el gran Rufus T. Firefly. (Federico Herrero)