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sábado, 13 de febrero de 2016

El funcionario fantasma

Morir en Cádiz
 




 Estrés gaditano
   
Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Se toma a risa y hasta se disculpa por ser tiempo de Carnaval y ocurrir en Cádiz, el caso del funcionario del Ayuntamiento que no acudió a su puesto de trabajo en no se sabe muy bien cuántos años. Si seis, diez, catorce o veinte. Se vende la noticia con aires chirigoteros y hasta se celebra la conservación de una especie con larga tradición en España como es la del pícaro, asemejándola al lince o la víbora de cuernitos en un ejercicio que a mí me huele a exculpatorio por ser frustrada aspiración española la de cobrar del Ayuntamiento sin tener nada que hacer. “Aquí, puesto por el Ayuntamiento” decían los mirones en Gamonal.

       Lo malo del caso es que todo empezó en 1990, cuando una aspirante a alcalde por el PSOE, Fermín Mayoral, colocó al cuñado con título de ingeniero como Director de Medio Ambiente en el Ayuntamiento. Digo colocó porque el colocado no tuvo que estudiar oposiciones ni cosa parecida. Entró por la vía familiar para toda la vida. Como Ingeniero. “Yo tengo una prima que toca el oboe y otra con trabajo, desde que está en el PSOE”, cantaron Tres notas Musicales, en 1991 nos recuerda Fernando Santiago.
      
Vinieron los del PP. Ya saben, la Teófila y demás, y parece ser que no gustaron los métodos del colocado  en su dependencia por lo que le mandaron a vigilar unas obras para las aguas fecales que dicen La Martona. Le dieron despacho y todo, pero se ve que Joaquín García, así se llama el galafate, no le gustó el ambiente, el personal o sus tareas, por lo que decidió unilateralmente y sin consultar al sindicato, al concejal del que dependía o a la señora alcaldesa, su más alta superiora, no presentarse más en el despacho. El hombre debía saber muy bien lo que hacía y que nadie lo iba a notar si dejaba de hacerlo. Joaquín , con innegable habilidad, no se hablaba con ningún empleado del centro de la Martona, y cuando dejó de acudir por allí, lo achacaron a un traslado al Ayuntamiento por, en verdad, pertenecer al mismo.

      En 2010, el funcionario de libre designación, cumplía 20 años de servicio y cuando el concejal del área preparó  la placa para agradecerle el celo y  dedicación en el desempeño de sus tareas quiso ponerle cara llamándolo a su despacho. Fue entonces cuando se descubrió el pastel. “Estoy con días de asuntos propios”, soltó por teléfono Joaquín,  no se sabe si con mucha jeta o con mucho arte, y como por aquel tiempo andaba cerca de los 60 y se olió la que le venía, pidió la jubilación anticipada.
      
A los seis años sale la definitiva sentencia de la denuncia puesta por el concejal que se topó con el funcionario fantasma... pero Joaquín, que dicen se hizo experto en Spinoza en los tiempos que acudió al trabajo, no da puntada sin hilo y ha pedio al Kichi, al que tiene por alma gemela por ser otro que lleva unos cuantos años sin pisar el lugar del trabajo por el que cobraba hasta ser alcalde, que le perdone la multa. Dice Joaquín que todo se debe a que en el PP le tenían manía y que padeció mobbing...  ¡No salen agarrederos políticamente correctos para cobrar sin hincarla!