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miércoles, 27 de agosto de 2014

Sinvergüenzas




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La palabra mágica de Podemos es “sinvergüenzas”, y con ella, a base de repetirla, Iglesias y Monedero creen renovar la política española.
    
Pero, igual que no es igual la “injusticia” que la “sinjusticia”, tampoco es igual no tener vergüenza que ser sinvergüenza.

    En el fútbol, al portero Valdés, por decir en el Bernabéu “no tienes vergüenza” al árbitro, le cayeron, de entre uno y tres partidos, cuatro. Había incurrido en menosprecio. En el mismo lugar, a Sergio Ramos, por decir “sinvergüenza” al árbitro, le cayeron, de entre cuatro y doce partidos, cinco. Había incurrido en insulto.

    Los antropólogos aún discuten si la mediterránea (la de Pujol, sin ir más lejos) es “cultura de la vergüenza” o “cultura de la culpabilidad”, aunque la culpabilidad no sea más que vergüenza interiorizada. Los católicos interiorizamos la vergüenza sexual, y los protestantes, la vergüenza financiera.
    
¿Por qué la vergüenza está en la piel? –pregunta Andrew Strathern, cuya teoría sólo sería refutable por Elena Benarroch, peletera que no oculta su fascinación política por Pablo Iglesias.

    El caso es que Strathern se pasó los 70 contrastando su teoría en Nueva Guinea… y en España, donde tener “cara dura” significa insensibilidad a la sanción de la vergüenza.
    
Iglesias y Monedero creen ser originales por llevar a la política el lenguaje de la calle. Al revés que en la República, cuando en los lugares de mala índole se llamaba al orden a quien profería palabras malsonantes:

    –¡Cuidadito!, ¿eh? Aquí no estamos en el Congreso.

    En el Congreso, cuenta Camba, se oía mucho “Su señoría es un sinvergüenza”. (No “Usted es un sinvergüenza”, o “Tú eres un sinvergüenza”, sino “Su señoría es un sinvergüenza”, que, al cabo, equivalía a “Su sinvergonzonería es un perfecto caballero”).

   Visto así, Iglesias y Monedero serían la Nuria Torray de la partidocracia (Pepe Rubio), en este “remake” de “Enseñar a un sinvergüenza”, de Alfonso Paso, de éxito sólo comparable al de Podemos.