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miércoles, 20 de agosto de 2014

La Miurada de Málaga con Ferrera en el mostrador

 El Aleph

 El paseíllo

 Preparación

 Varas primero y segundo

 Varas tercero y cuarto

 Varas quinto

 Varas sexto

 Torería

 Remate

 La estocada de la tarde

Tendido de los sastres 



José Ramón Márquez

Hace falta valor, eso es lo que hace falta para poner tu nombre junto a la A con asas de Miura. Son muy pocos los que han hecho la hombrada de anunciarse en solitario con la leyenda viva del mundo del toro, y en ese sentido Ferrera ha querido colocar su nombre junto a los de Gallito, Antoñete, Bernardó, Espartaco, Castaño y Padilla en ese puerto de primera categoría que es verse anunciado frente a los toros de las dos divisas, eligiendo para la ocasión el retorno de Miura a Málaga, tras treinta años de ausencia, que la última vez que se vio a los de Zahariche en La Malagueta, en los ochenta, salió cogido el impar Dámaso González, según me comenta el aficionado J., memoria viva de esta Plaza.

Mientras nos mofábamos de las corriditas anovilladas y bobalicones, a las que un señor regaba con una manguera a ver si crecían un poco, que tienen preparadas para los días venideros y que  se podían ver en los corrales desde los pasillos de la Plaza, nos preguntábamos cuál habría sido la motivación de Ferrera para asumir un reto de tal envergadura y, sobre todo, si un hombre de una tauromaquia digamos que limitada como es el caso de Antonio Ferrera estaba en condiciones de afrontar con solvencia los seis capítulos de ese libro que a las seis y media de la tarde estaba por abrir. En realidad, y esto se dice a posteriori pero se dijo también a anteriori, la opinión es la de que no hay nadie hoy en día en el escalafón de la época en que según dicen “se torea mejor que nunca” que sea capaz de afrontar el reto de vérselas con seis toros, sean de la misma o sean de distintas ganaderías, pues los coletudos contemporáneos, tan monótonos, adolecen de una palmaria ausencia de los recursos, adornos e improvisaciones que son imprescindibles para hacer variada y entretenida la lidia de seis toros por un mismo espada.

De los toros se puede decir que ha habido más o menos de todo, desde el Miura listo y peligroso que fue el sexto, Vendedor, número 12, hasta el inválido parado que fue el tercero, Barranquero, número 14. Por decir lo positivo del encierro señalemos la prontitud en las embestidas, el tranco ligero, la fijeza y la disposición a ir al caballo y a pelear ahí. En lo negativo digamos principalmente las pocas fuerzas de, al menos, el primero y el tercero. De la presentación ni hablaremos, porque si los comparamos con la corrida de Madrid tiran a chicos, pero si los comparamos con lo que hay preparado en los corrales de La Malagueta para rematar la parte bufa de la Feria, la que comienza mañana, pues lo de hoy ha sido un auténtico corridón.

Ya se sabe que lo común es echar las culpas de lo que pasa a los toros, que los pobres tienen que darlo todo en quince minutos mal contados, y nunca a los toreros que llevan entrenando desde que los destetaron. Son cosas que no se sabe por qué, pero funcionan así en este mundillo. En mi opinión quien más ha fallado hoy en Málaga, dicho con todo el respeto que merece su apuesta por anunciarse con la verdad de una legendaria vacada, ha sido el torero Ferrera. En la tarde de hoy ha habido dos toreros bien distintos, uno el de los dos primeros toros y otro el de los cuatro últimos. El Ferrera del primero y, sobre todo, del segundo es el Ferrera de la buena proyección que lleva en las últimas temporadas, serio, solvente, vertical, con aroma añejo y presunción de que algo puede pasar. En el primero, Primavera, número 26, aunque se ve obligado a rematar los pases por alto a causa de la debilidad del animal, deja marcadas líneas de autenticidad y compromiso. En el segundo de la tarde, Aguililla, número 29, Ferrera plantea argumentos de buena calidad, especialmente en el inicio de la faena, tirando del toro, bajándole la mano, llevándole toreado en una serie de redondos de gran empaque y mando. Luego la faena toma un tono menor cuando el torero cede la posición y se complace en descargar la suerte, con lo que se pierde hondura y autenticidad, rematando el trasteo con la estocada de la tarde, un perfecto volapié que queda arriba y que hace rodar en los medios al toro. A continuación sale el castaño Barranquero, muy blando y descastado y ahí cambia el planteamiento del torero, que desde ese toro opta por un toreo encimista y cargante buscando la complicidad fácil del público menos exigente en el sinsentido del arrimón sin venir a cuento. Parece, visto el resultado, que el planteamiento no es bueno, en primer lugar porque el público se solivianta, y en segundo lugar porque lo único que consigue es que las embestidas de los toros sean unos meros cabezazos de los que es muy difícil sacar partido. Pensamos que el toro de Miura, y en general el toro encastado, es muy poco apto para estas odiosas cercanías que tan apetecibles son para tantos toreros frente a la juampedritis y que si los animales habían demostrado en los primeros tercios su disposición a acudir a los cites con prontitud no es de recibo que la base de las faenas desde el principio sea el atosigar al oponente. Cosa distinta es lo del sexto, un toro que en seguida se orientó y que en el embroque levantaba la cabeza girándola peligrosamente a la búsqueda del pecho del torero. En ese toro echamos de menos una lidia de más eficacia, con pases de pitón a pitón y buscando el quebranto del oponente para prepararlo a la estocada. El animal se orientó también en la suerte suprema y era pavoroso ver cómo buscaba el bulto del hombre desentendiéndose del engaño. Por fortuna lo cazó al tercer intento.

Con todos esos elementos y los que se dirán a continuación se puede decir que hemos tenido una buena tarde de toros. No para los que en los toros buscan producción de pases, que eso llegará mañana con Julián, sino de emociones, de expectativas, de lances emocionantes, de situaciones variadas... lo que es una corrida de toros, que muchos tratan de reducir al monocultivo de la faenita de muleta. Por ejemplo hemos tenido seis picadores que se han esforzado cada uno en su estilo y a su manera por hacer las cosas bien, por citar guapamente al toro, por dosificar el castigo, por dar el espectáculo tantas veces hurtado de la suerte de varas hecha con deseos de agradar y no con la cansina monotonía del que ficha la entrada en el reloj de la oficina. Dionisio Grilo, Alonso Sánchez, Fernando Sánchez, Pepillo de Málaga (hijo), Aitor Sánchez y Tito Sandoval dieron esta tarde en Málaga espectáculo y fueron justamente aplaudidos. Y los peones, lo mismo. Ferrera cedió los palos en el tercero a Adalid y a Sánchez para que auxiliados con la prodigiosa brega de Marco Galán, pareasen con la verdad a que nos tienen acostumbrados, rematando el extremeño con un apuradísimo par al violín en la misma cara, hacia los adentros. En el cuarto puso los palitroques junto a Javier Ambel y Jaime Padilla, algo cohibidos ante la responsabilidad pero queriendo hacer las cosas bien. En el quinto invitó a Marco Galán a poner un par, sobrio cuarteo, y finalmente en el sexto los tres de la cuadrilla de Castaño y el propio Ferrera pusieron a la Plaza en pie en un magnífico segundo tercio.

 En toda la tarde no sonó un solo aviso.

Mañana hay corrida en Málaga, y siguen después unos cuantos días más, pero ese no es espectáculo para mis ojos. Saliendo de la ciudad vemos la furgoneta de Julián aparcada frente al hotel. “Esta ciudad no es suficientemente grande para ambos”, pensamos.