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miércoles, 13 de agosto de 2014

RBU




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En la War Room del Almirantazgo de Podemos tiene Pablo Iglesias a cuatro economistas haciendo números en agosto para pagar las nóminas de todos los españoles, esa Renta Básica Universal (RBU) a que tienen derecho por el mero hecho de serlo, y a ver cuántos catalanes siguen con la bobada de que ellos no son españoles, pudiendo vivir de tocar la flauta y pasear al perro.

    Podemos ve que España es hoy un país franquista hasta los huesos: en la calle sólo hay bicicletas y alpargatas, que era la descripción de la posguerra que hacían los lectores de Vázquez Montalbán, y en las casas y los bares, fútbol, “opio del pueblo” desde Di Stéfano, el mito del “decadente Real Madrid”, en palabras de Monedero, cuyo estudio sobre la “introducción de dos aviones en las Torres Gemelas” acaba de salir al mercado.

    Monedero es el Platón de Llamazares, que sería Sócrates. Llamazares, como Sócrates, es maestro oral, y jamás pensó una línea fuera de Twitter, que todo se lo pensó Monedero, su Platón, con aires de mulá en las madrasas de la Complutense, ese parque temático de la izquierda carpetovetónica. Así que la sabiduría que durante décadas salió de la boca de Llamazares procedía del magín de Monedero, con su cosa de urraca para apropiarse de lo que brilla, como aquella propina de cuatrocientos euros por voto de Zapatero.
    
Monedero aplicó a la idea zapatera la experiencia cubana: si se reduce “la introducción de tres comidas diarias” (dicho sea en términos de leninismo amable), que constituye la dieta gringa de Guantánamo, a “una y gracias”, que constituye la dieta castrista en el resto de la isla, se obtiene una RBU que quitaría el hipo (no tiene que coincidir con el hambre) a la España perrifláutica. Entonces se sacó una moneda (una moneda para el Sur: el duro sevillano de toda la vida). Es la moneda de Pablo Iglesias para las elecciones: la portará, para los carteles, pillada entre los dedos índice y cordial de su bendición latina.