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lunes, 25 de agosto de 2014

El triunfo del Éibar

 Bando en Ipurúa
Señorío
 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Hay equipos de fútbol que caen bien a todos y a los que los periodistas suelen engrandecer su modestia. Pasó con un Logroñés en los 90 que entrenaba David Vidal y en el que brillaba el Tato Abadía, además de Quique Setién, Antón Polster ó Quique Romero. El Numancia copero de Barbarín y Movilla ó el último Mirandés con un Infante heroico. Esta temporada la moda va a estar a muerte con el Éibar, tras el espectacular ascenso a Primera y sus acreditadas penurias económicas.
        
Todos los veranos por julio suelo ir a Éibar a ver a muy buenos amigos que me ponen chuletones que no se los salta un gitano pero hasta este año no había subido a Ipurúa, y la verdad no sé por qué he tardado tanto. La afición de Éibar no es un sentimiento local generalizado. Al fútbol siempre han ido los mismos y el arrebato de gloria que ha llegado al pueblo ha entusiasmado espíritus arribistas, pero la realidad es que los verdaderos aficionados eibarreses no pasan de cuatro mil. Los balcones se llenaron de banderas azulgranas cuando se ascendió a 2ª y siguen en el mismo sitio ahora que se ha llegado a Primera. El pueblo, los bares, las calles, la plaza Unzaga... son una fiesta y un jolgorio continuo, pero se habla del equipo apurando riojas y zuritos en los excelentes bares de alrededor de la plaza.

      El Éibar tiene casi peor equipo que el año pasado en 2ª -Jota Peleteiro ganó solo muchos partidos-, pero mantiene un derroche físico descomunal que va a hacer desesperar a los equipos de la élite.

     He visto el partido ante la Real y me ha sorprendido el coraje de los dos Raúles Dos centrales toscos fichados para jugar en 2ªB, de aspecto fiero y enemigos de toda pamplina que no dejan llegar balones al portero Irureta. La concentración de Bóveda y Capa, la valentía de Dani García y Arruabarrena y el compromiso a pesar de las limitaciones de Errasti, pero quiero destacar sobre todo la sutileza de Javi Lara, un mozo del pueblo cordobés de Montoro y que el Córdoba despidió hace diez años por no verle porvenir. Javi Lara ha dado muchas vueltas: Real Unión, Écija, Almeria B, Elche, Alcoyano, Mestalla, Ponferradina y no le han acabado de entender. Si acaso el año del Alcoyano en 2ª, donde era el artista del equipo.  Llevo años rezando por que lo repescáramos para El Arcángel, pero nunca hubo intención de tal cosa. En el debut del chaval y del club en Primera División ha firmado un gol  de estrella, un gol que ni imaginan muchos ídolos consagrados y al que hemos de rendir los honores debidos.

     El Éibar tiene una ventaja sobre el resto de equipos de Primera y es que ni el público ni la directiva van a exigir a Gaizka Garitano. Sólo van a pedir casta y bemoles y de todo andan sobrados los jugadores eibarreses. Al Éibar le falta campo para mínimamente competir. Lo que sería preferencia tiene cuatro filas de asientos. Digo cuatro porque no son cinco. He visto que las gradas supletorias en la transmisión dan para unos mil espectadores más que ni siquiera han llenado contra la Real y en la tribuna, frenada por el monte, conté doce filas y otras tantas en los fondos. Atemoriza Ipurúa a los linieres, que saben que el hincha llega con la mano al colodrillo y piensan sin querer si levantar o quedar quietos. Los auténticos aficionados eibarreses van a vociferar, a acollonar, a meter miedo... pero siempre con el respeto debido. En Ipurúa y como rasgo tan diferencial como significativo está terminantemente prohibido comer pipas.
 
Las cuatro filas de preferencia o lateral