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viernes, 25 de junio de 2010

Otro defecto de la crítica




Otro defecto de la crítica: dejándose llevar por el público nuevo, y siguiendo una nueva tendencia, la mayoría de los revisteros se fijan solamente en la faena de muleta y desdeñan todo lo demás. Casi no existe para ellos la estocada. Y la estocada es uno de los momentos más bellos que tiene la fiesta de toros. Pero ni los toreros de hoy, los matadores de hoy -porque siguen llamándose matadores- practican bien la suerte de matar, ni los críticos la piden, ni los públicos la echan de menos. Y los que tienen más culpa de esto son los críticos. El público impresionable, que ahora va a los toros a divertirse, prefiere una faena de muleta larga, cuanto más larga mejor, a la estocada, cuya ejecución dura tres segundos. El torero, ante esta buena disposición del público prolonga, encantado, la faena, y mata de cualquier modo, en la seguridad de que nadie le exige la perfección. Y así evita el peligro de la suerte más peligrosa. Pero la crítica no debiera pasar por alto este escamoteo. Yo casi no he presenciado la suerte de recibir. En mis primeros años de aficionado, solamente la practicaba alguna vez el padre de los actuales Bienvenida. Después, recuerdo haber visto recibir alguna vez al Niño de la Palma. Joselito recibió tres veces seguidas a un toro, en una faena memorable. En estos tiempos, Pepe Bienvenida recibe algún toro. La suerte de recibir puede decirse que ha desaparecido. Pero lo malo es que casi ha desaparecido también el volapié. No importa que se mate bien o mal. Tan no importa, que los públicos no se enteraron nunca -y no sé si se enteraron los críticos- de que el pobre Manolete mataba mejor que toreaba; de que lo verdaderamente perfecto de Manolete era su volapié. Y aquí viene una nueva paradoja: el público, este público de hoy, tan despistado, cuando ve matar bien un toro, se levanta de sus asientos, asombrado y entusiasmado ante la suprema belleza del momento. Lo malo es que, al día siguiente, leemos en los periódicos que “Fulano terminó con una estocada en lo alto”. Así, sencillamente, sin darle importancia, sin volcar sobre el bello y emocionante volapié la lluvia de adjetivos coloristas que derraman sobre cuatro estatuarios con los pies juntos.

Adolfo Bollaín
Crítica

Conferencia pronunciada en el
Club Taurino Madrileño el día
13 de marzo de 1948