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martes, 29 de junio de 2010

La verdad de la torrija


José Ramón Márquez

Pero vamos a ver, Ignacio. ¿Qué diablos es eso de la maldita torrija del Berasategui en los Salmonetes...? ¿Es que no va a haber un solo sitio decente en todo internet? No se puede engañar así a la audiencia, pensando en que vamos a una cosa seria y encontrarnos súbitamente con que se nos ha metido la chufla gastronómica. Hombre, que nos gusta comer y, en ese tema, tonterías las justas.

La torrija no necesita de Berasategui, ni del calvo del Lidl, ni falta que la hace; lleva viviendo siglos sin ellos, y cuando el estilo de cocina del uno y el estilo de supermercado del otro haya sido borrado del mapa, ahí seguirá la torrija proclamando su incuestionable verdad de dulce humilde, campesino y cuaresmal.

La torrija, como el toreo bueno, sólo pide generosidad y huye de la cicatería. En desagravio de los lectores que hayan perdido algún minuto de su tiempo leyendo la receta que se dio aquí ayer, ahí va la receta de las torrijas de leche sin tonterías:

INGREDIENTES.

1 barra de pan
2 litros de leche
Azúcar al gusto
La piel seca de una naranja
Un palo de canela
Huevos para rebozar
Canela molida.

PREPARACIÓN

Se parte el pan en rebanadas de un dedo de ancho. Se pone al fuego la leche azucarada con la piel de naranja y el palo de canela. Cuando rompe el hervor se aparta, se deja enfriar un poco y se vierte con cuidado sobre el pan. Se retira la cáscara de naranja y la canela y se deja que se empape muy bien por ambas partes añadiendo más leche si es necesario.

Se baten los huevos y, con cuidado para que no se rompan al manejarlas, se van pasando las rebanadas de pan empapado en leche por el huevo. Se echan en una sartén con abundante aceite bien caliente. Se fríen por los dos lados y se sacan a un plato.

Se rocían con una mezcla de azúcar y canela molida. Se dejan enfriar.

La única clave de la elaboración estriba en ser generoso con la leche y empapar muy bien las rebanadas de pan. Eso hace más difíciles de manejar las torrijas, pero es lo que las hace especiales.

***

No hay que ser Robuchon para hacer estas torrijas, ni falta que hace, pero a quien no le apetezca ponerse a cocer la leche y a freír, siempre le queda la solución de irse al Sylkar en Espronceda, 17, donde las hacen casi como en casa y las cobran casi como Berasategui.