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sábado, 27 de febrero de 2010

LA BIRRA BIRRIOSA



Edu, ponme siete botijos...
Bar Braulio, Avenida de los Toreros, Madrid
4 de junio de 1985


José Ramón Márquez

Veníamos de los toros de ver a Manolo Cortés, a Manzanares y al Capea con una de Manolo González, discutiendo acaloradamente, como siempre en aquella época, si las orejas sí, si las orejas no, si la seriedad de Madrid, que si una está bien pero dos es excesivo, que si la lástima de Manolo Cortés que no ha podido hacer nada, y así subíamos por la Avenida de los Toreros hasta recalar en el Braulio. En una especie de chaflán en el que hay una placa descolorida que pone Glorieta del Sílice nos esperaban los fríos botellines que servían para enhebrar la apasionada discusión, pues muchas veces las felices horas de los toros después de los toros siempre estaban regadas de cerveza, hasta que cerraba Braulio. Y aunque cerrase aún nos quedábamos algunos demostrando nuestras teorías o toreando al árbol, toro inmóvil que allí sigue aún, con una munición de emergencia que Edu nos dejaba.

Lo que Edu nos ponía era cerveza Mahou. Botellines y botellines de Mahou con sabor a cerveza Mahou, que es como quien dice el agua. Ni entonces ni ahora hubiésemos podido sospechar que la cerveza tenía aromas primarios ni estructuras complejas o recuerdos al lúpulo tierno y muchísimo menos que una bebida tan común y refrescante, que dicen que hasta a los faraones de Egipto les gustaba, fuese a ser objeto de esa temible maldición contemporánea del maridaje, peste gastronómica contemporánea. Bueno pues una vez más el socorrido Ferrán Adriá, que lo mismo sirve para unas texturas que para una deconstrucción y el tío no para de maquinar, se nos presenta arrebatado en un torbellino de nitrógeno como el profeta Elías y desde su nube nos ofrece la última creación para pegarle el palo al incauto contemporáneo: la birra Inedit. Sí señor, la cervecita de toda la vida ha pasado por Adriá y su banda, los sommeliers, y no ha salido indemne, porque esta cerveza no tiene nada que ver con los botijos de Edu. Ésta es bebida de alto copete concebida para maridar con todo tipo de alimentos, que lo mismo sirve para ahumados como para picantes o ácidos, según cuentan en Harper’s Bazaar. La otra es que no sirve para aquellos elevados fines porque ¿a quién se le iba a ocurrir pedir una cerveza con unas patatas bravas bien picantes? A nadie en su sano juicio. O ¿quién sería tan loco como para poner de tapa con una caña unos ácidos boquerones en vinagre? Vamos, que según se te mezclan los sabores los escupes porque ahí no hay maridaje. Bueno, pues esta invención del rey de las espumas es capaz de adaptar sus cualidades al plato y además dejar un recuerdo afable. Espero que Edu se entere y en mayo tenga su nevera llena de botijos de Inedit, aunque más bien creo que esta birra en el Braulio se va a quedar como su nombre.