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jueves, 7 de enero de 2010

LO DE ANTONIO BURGOS


dignidad.
(Del lat. dignĭtas, -ātis).
1. f. Cualidad de digno.
2. f. Excelencia, realce.
3. f. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.
[…]
del Diccionario de la Real Academia Española


José Ramón Márquez

Me remite el aficionado L. un suelto que publica Zabala no sé dónde, en el que se dedica a denostar al columnista Antonio Burgos, a quien no tengo el gusto de conocer, porque dice que le tiene manía a él, como se la tenía a su padre (q. D. g.). Y ya me molesta un poco esta actitud ofidia –esta bonita imagen se la debo a Ansón- y que ahora, de pronto, el muchacho se destape con que si Burgos esto o Burgos lo otro, que él mismo sabrá íntimamente lo que opina del tal Burgos -y a nosotros qué mas nos da-, pero vamos, que si te has tirado de cabeza al folio con que si ‘la teoría de las dos orillas, querido Antonio Burgos…’, o con que si ‘…el maestro Antonio Burgos tiene razón al proponer a los Peralta….’, o con que ‘…querido Antonio…’, o más tarde ‘parafraseando al maestro Burgos…’, y hasta titulando Burgos tiene razón y Pablo, razones, y eso a vuelapluma y sin perder mucho el tiempo en buscar todo el almíbar que le ha puesto el niño al tal Burgos, que seguro que al sevillano le traía al pairo el almíbar viniendo de éste, pues como que no queda el chico en muy buen lugar. Bien está que le haya hecho al ABC el favor de abrir hueco, pero no parece muy elegante que, ahora que se las ha pirado, se dedique a sacar tan feamente los mininos del bandullo, que las hemerotecas las carga el diablo.
Sería recomendable que el crítico leyese el artículo que publicó Burgos (¿o acaso ‘el maestro Burgos’?) en ABC en junio de 2008 titulado Adrián Gómez es el toreo y se penetrase de las enormes, terribles, verdades que contiene. Entre esa columna de denodado respeto a la Fiesta y otras llenas de pastueñas loas a favor de corriente y hacia lo que el stablishment dice que debe ser, es donde volvemos a encontrar la sempiterna línea que separa a los que esto nos cuesta el dinero de los que viven de ello. Pero incluso así, que de algo hay que vivir, nunca está de más poner un poco de dignidad en el ejercicio de la profesión.