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jueves, 14 de enero de 2010

EL MESÓN, DE SALAMANCA

José Ramón Márquez

Primero desapareció el Gran Hotel, convertido ya en edificio de apartamentos, y ahora, allí al lado, acaba de echar el cierre El Mesón, en la Plaza del Peso. De esta manera, poco a poco se van apagando las huellas de la vieja Salamanca taurina, sustituida por esta ciudad moderna con Palacio de Congresos y todo.
Tuve la suerte de estar por última vez en Salamanca y en El Mesón a mediados del pasado diciembre. Como tantas otras veces, salí encantado por la amabilidad de todo el personal del local, vestidos con sus inmaculadas chaquetillas blancas, por la calidez del clásico lugar acrecentada por su techo abovedado y por la enjundia de su cocina auténtica y sin engaños. Tomamos mollejas y un estupendo cochinillo recién asado que me hizo recordar el viejo estilo de los que sacaba Cándido de su horno del Azoguejo en Segovia. Durante el almuerzo evocábamos otros almuerzos con la casa atestada de gente en el fragor de la Feria. Desde la pared, como siempre, nos observaba la verónica de Julio Robles.
Ahora, a medida que se disuelve la Salamanca de los grandes señores ganaderos, y van desapareciendo paulatinamente los lugares de ese tiempo, ya sólo nos va quedando el recio retrato de aquel mundo que nos legó la maestría de Alfonso Navalón.