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lunes, 18 de enero de 2010

LA ETERNA DISCUSIÓN

"El Cordobés ha quedado para la historia como
la figura más atrayente de todos los tiempos"


ENTRE LA COMODIDAD Y EL SUICIDIO

(NINGUNA DE LAS DOS COSAS PUEDE SALVAR A LA FIESTA)


Jorge Laverón


Clásico es lo bien hecho. El toreo clásico es, por tanto, el que está bien hecho. Sin embargo, la evolución del arte de torear ha estado en manos de los innovadores, de los “revolucionarios”, de diestros heterodoxos ajenos a las normas clásicas. Entre clásicos e innovadores está la eterna discusión.

Pasemos por alto las figuras de los grandes rompedores de la “norma”: Manuel García “Espartero” (Sevilla, 1865; Madrid, 1894) y Antonio Montes (Sevilla, 1876; México 1907). Ambos muertos por asta de toro. Nos centramos en Juan Belmonte, el heredero de aquellos, el primer “revolucionario” o “fenómeno”, como le bautizó el crítico-escritor fundamentalista F. Bleu, pseudónimo de Félix Borrel.

A José Bergamín, en su magnífico libro El arte de birlibirloque, Belmonte le merece este juicio:

-Las virtudes afirmativas del arte de birlibirloque de torear son: ligereza, agilidad, destreza rapidez, facilidad, flexibilidad y gracia. Virtudes clásicas: Joselito. Contra estas siete virtudes hay, en efecto, siete vicios correspondientes: pesadez, torpeza, esfuerzo, lentitud, dificultad, rigidez y desgarbo. Vicios castizos: Belmonte, castizo hasta el esperpentismo más atroz y fenomenal.

Ramón del Valle Inclán, inventor del esperpento, le espetó: “Juanito, sólo te falta morir en la plaza”.

Rafael Guerra “Guerrita”, el viejo patriarca del clasicismo, declara:

-Dense prisa a verlo, que éste muere en la plaza.

Fallaron todos. Belmonte murió viejo y rico por sus propias manos.
Con Manolete tuvieron más suerte los integristas. Un toro de Miura acabó con su vida en la Plaza de Linares. Manuel Rodríguez, “Manolete” da un paso más adelante que Belmonte en la evolución del toreo. De Manolete se escribe tal:

-Hay toreros superiores en saber, recursos, estilo y dominio”. Torero de estilo discutible, acostumbró al público a la corrida de toros sin toros, al toro de pitiminí. Viendo a Manolete ya tenían bastante.

El 4 de Mayo de 1936 nace en Palma del Río (Córdoba) Manuel Benítez “El Cordobés”. Quiérase o no, guste o no guste, El Cordobés es el torero más emblemático de todos los “revolucionarios”. Benítez dio un paso más, superior en quietud y ligazón a Belmonte y a Manolete. El Cordobés ha quedado para la historia como la figura más atrayente de todos los tiempos.

Ahora dejemos que fluya el raciocinio. Valgan estos apuntes tomados al vuelo. “El toreo no es antiguo, ni moderno, sino bueno o malo”. “Cuando falta intención artística todo se reduce a esperar el clarinazo final para CRUZARSE MUCHO y sacar el pico de la muleta por el pitón contrario y realizar un toreo que nada tiene que ver con el arte de torear”.

En el toreo hubo siempre discusión -quizá sin discusión no habría toreo- porque se mezcla en las conversaciones pasión, terquedad, ignorancia, presunción y gustos malos y buenos. No ha sido nunca fácil entender de toros. Se necesita mucho tiempo, muchas seleccionadas lecturas y tertulias taurinas.

Después de Benítez, tres eslabones perdidos, Dámaso González, Manili y Paco Ojeda. Luego llegó José Tomás.
La sorprendente “Escuela de Suicidas” que ha generado un delirante complejo en el confuso mundillo taurino. Toro colaborador. Más bien novillo-bobillo. El encimismo. Dar “tirones” con la muleta, a pies juntos, sin mando ni dominio.
Además le cogen los novillos de carril y nada aprenden de las frecuentes cornadas. Perderían -sin duda- su personalidad. Personalidad de suicidas. La Fiesta se debate entre la comodidad y el suicidio. Ninguna de las dos cosas pueden salvarla.
Si se quita lo artístico a las corridas de toros, sólo queda la emoción bárbara. Sin más. Y vale para Belmonte, Manolete, Manuel Benítez “El Cordobés”, José Tomás. Admiro y admito a los “revolucionarios”, pero, con permiso, prefiero a Joselito, Bienvenida, Ordoñez. Pongamos que hablo de Morante.