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jueves, 21 de enero de 2010

LA BENEFICENCIA DE CURRO VÁZQUEZ

Corrida de Beneficencia ó Aquí el que no corre, vuela
Su único lucro es hacer sonreír al necesitado



José Ramón Márquez


Poseo un ejemplar del Diccionario cómico taurino para los diestros que lo necesiten (que son muchos) compuesto por Paco Media Luna con la colaboración de todos los aficionados del mundo, segunda edición, editada en Madrid 1884, Establecimiento tipográfico de El Toreo.
Entre sus acertadas e hilarantes definiciones que a lo mejor vamos rescatando por aquí de vez en cuando se contiene ésta, que viene al pelo para introducir lo que vendrá más abajo:

PRIMO.- Véase Abonado de la Plaza de Madrid y otras semejantes.

I

No creo que haya otra diversión en el mundo, excepción hecha del sadomasoquismo en primera persona, en la que se trate peor al que sostiene el espectáculo. Parece que el denominado ‘respetable’ no tiene otro objeto en esto de los toros que la de pasar por esas taquillas de las que con tanta frecuencia emerge un hedor nauseabundo, y esto se puede tomar en el sentido que se quiera, y abonar el importe que se le solicita. Si fuese por muchos de los ‘actores’ del tinglado, lo fetén sería que el tal ‘respetable’, una vez depositado el óbolo, se retirase en paz a su casa y dejase de dar la murga cuanto antes. Entonces ya todo sería perfecto. Todo estaría en manos de los ‘profesionales’: el torero que siempre está importante, su padre con el puro, el artista detienetiempos, el inefable diosecillo travieso y enfadado, el serio representante de toreros, que fue torero, con varias ruedas de molino en el gaznate, el bondadoso plumífero agarrado a varios sueldos, el fracasado banderillero empeñado en hundir a cualquier joven promesa que se le ponga a tiro, el serio empresario cuya palabra vale menos que nada, el constructor que adquirió un desecho del desecho de un desecho de Juan Pedro, un conde, una marquesa y un par de veterinarios con sed y hambre. Todos esos componen una parte de la variopinta y picaresca piara que nos va llevando al perdedero o a la perenne desilusión, que no sé qué es peor.

II

¿Cuáles serán las razones que se habrán dado entre ellos para justificarse la encerrona que han montado con Daniel Luque en Madrid el Domingo de Resurrección? ¿No tuvimos bastante con la del año pasado? ¿No fue suficiente con la del año antepasado? ¿Quién es Daniel Luque? ¿A cuántos espectadores, además de los que vamos por ir, puede llevar a la Plaza este joven torero? ¿Podría llegar a interesarnos mínimamente el mejor Luque que sus mentores y partidarios puedan concebir? ¿Tratarán, quizás, de medir nuestra capacidad de aguante? ¿Acaso somos objeto de un experimento de ingeniería social, dirigido a probar la resistencia de un grupo humano maltratado por sistema? ¿Por qué nosotros?

III

Beneficencia. Falsa beneficencia, que aquí todo el mundo viene a por las pelas. En el Hospital General se gastó Jean Nouvel lo que no está en los escritos para dejarlo moderno, justamente ahora que ya no es hospital. Antes decían: un interesante cartel con los triunfadores de San Isidro en el ruedo y todos los invitados de la Diputación en el tendido. Ahora lo segundo permanece, pero ya no es necesario lo primero. Ahora se juntan media docena en un despacho y cierran el cartel ahora, en enero, tan felices, antes de que haya salido ni un toro del chiquero de Ajalvir o de Valdemorillo, no vaya a ser que la realidad les estropee el dibujito que se han hecho. ¿Triunfadores de qué? Serán triunfadores de la vida, hombre. Morante, Cayetano... ¡Ah! Nada de eso. Es que este año es la Beneficencia de Curro Vázquez.