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lunes, 22 de febrero de 2021

Que te pilla el gato



Ceesepe

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Dos a cero al Valencia chino (nada que ver con aquél de Ayala, Baraja y Albelda, tan duro de roer) de Kang-in Lee, que es coreano, mantiene al Madrid de Zidane pisando (el “¡pisalo, pisalo!” bilardiano) los talones al Atlético de Simeone.


    En los 70, “pillar” fue el inicio de la Movida. Del “vamos a pillar una movida” de Ceesepe, el pintor, y Alix, el fotógrafo, en el Rastro surgió la corriente vital de la que siguen viviendo los concejales de Cultura cada vez que se las quieren echar de modernazos, que es (siempre vamos con retraso) decir posmodernidad. Hubo un “pillar” posmoderno, que fue la Movida madrileña, y hay un “pillar” pandémico, que es dar caza al Atlético en la Liga, único entretenimiento permitido por la Autoridad Competente (“militroncha”, por supuesto) para los confinados de “la Coviz”. (Algún día los antropólogos investigarán la proporción de culpa que tiene el fútbol en la estupidización de las masas).
   

 –Ratón que te pilla el gato, / Ratón que te va a pillar. / Si no te pilla esta noche, / Mañana te pillará.
    

El mayor de los Machado, Manuel, se “pintó” de niño que apoya su sien en un libro-caja de música, escena que luego serviría a Ruano para dar a entender que el hombre tiene sólo una única actitud ante la vida, y que eso fue el Manuel Machado de “aparezco en aquel retrato, calladito, escuchando, encantado, al dulce soniquete”.
   

 –Con melancolía –escribe Ruano– ladeo también ahora (ha muerto el poeta) mi cabeza. ¿Todos tenemos el oído pendiente de una canción lejana que el ruido de los hombres, de nuestros propios pasos, no nos deja oír exactamente? ¿Será, Dios mío, una misma canción? Es probable que la idea final del hombre que muere sea la de que va a nacer. Y esa música sea la nana dulce del pobre niño que todo hombre lleva dentro martirizado por el hombre que lleva fuera.
    

Estar paranoico no significa que no te persigan, y los atléticos, fatalistas por definición, llevan todos ese soniquete tras de la oreja. Les pisan los talones la baraka de Zidane y el queso mecánico (olvídense de Benito Floro, aquél que al tocar el timbre en casa de Mendoza para firmar el contrato hizo exclamar al presidente: “¡Éste me pide un autógrafo!”) de Koeman, un quesero que echó mal las cuentas, pues con los dieciséis goles del despedido Luis Suárez sería líder con ese Barcelona de quintos de La Masía, uno muy bajito, Riqui Puig, muy feo el otro, Pedri, un Antonio Casal feo (o sea, un feísmo metafísico). Que nunca sepa Simeone de aquel cuento que hacía Ganivet del campesino nórdico que en su trineo, con sus hijos, se ve alcanzado por una manada de lobos, y les arroja el niño más pequeño para ganarles tiempo y distancia, pues lo mismo les echaría a Joao Félix.
   

 Por eso Zidane no quiere niños ni para jugar a los chinos con ese Valencia que tantas cosas dice a un madridista: Mijatovic, Mendieta, “galácticos” (invento de Ortí), “piperos” (invento de Hughes)… Para hacer de niño sacó a Arribas, pero muy al final, y de la mano de Isco, nuestra gitana de capotes, al que una TV midió el tiempo que tardó el otro día en arreglarse el pelo para salir al campo: un minuto y veinte segundos. Ya Mourinho advirtió de la generación que se nos venía encima cuando dijo que en el Madrid los jugadores harían cola delante del espejo. Falta Cucurella en ese vestuario. Y también Mourinho, claro, que una vez apareció con el corte de pelo a lo “Taxi Driver” y explicó que se había quedado dormido y que al despertarse vio tal desastre que le pidió al peluquero un corte al uno.


    ¿Hay equipo para la Champions? Sí, aunque el partido fue un baile de San Valentín lleno de pisotones. Hubo dos goles (uno para “Chauma” y otro para “Yauma”, que es como los locutores llaman al portero valenciano, que se llama Jaime), pero pudo haber más. A Mendy le anuló el VAR uno que celebró mucho, otro orgasmo fingido en homenaje a la fecha, que ya dice el árbitro Iturralde que esa máquina va a llenar el mundo de “ateos”, que en esto ha venido a parar la escolástica. Lucas Vázquez volvió como una moto, que se suma a la de Vinicius, que es como la moto del mulá Omar: arranca, se va y de él no se vuelve a saber más.
 

 


HAALAND Ó MBAPPÉ


¿Haaland o Mbappé? No es lo mismo (aquí, un hilo de chascarrillos que empiecen con  “no es lo mismo”). Y ninguno de los dos tendría asegurado un puesto con Zidane, que en sus posiciones cuenta con dos intocables, Benzemá, el Robert Milla europeo, y Lucas Vázquez, que sube y baja, mientras que Mbappé, si sube, no siempre baja, y terminaría en el banquillo como otro Faubert, dando conversación a Bale, a quien Mourinho no ha conseguido dar otra vez cuerda. En cuanto a Haaland, todos sabemos que, estando Benzemá, que baja a recibir como los ángeles, no tendría hueco en el equipo, y al cabo de seis meses sería cedido al Eintracht de Frankfurt. El pipero “Haaland o Mbappé” es tan absurdo como el cubano “Socialismo o muerte”. ¿Dónde está la disyunción?

[Lunes, 15 de Febrero]