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sábado, 20 de enero de 2018

El piropo

Fernando Villalón


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En la Junta de Andalucía, como ocurre en los colegios de monjas, escandaliza más la grosería del piropo que la salud (cinco horas de cola para un ictus, lo que Delibes con Mario) o que el robo, y para erradicarlo se deja los cuartos en un eslogan, no sé si consensuado con el Pacma, “No seas animal”, que equipara al piropeador con el gallo (“Gallus gallus domesticus”), el buitre (“Gyps fulvus”), el pulpo (“Octopoda”) y, por supuesto, el cerdo (“Sus scrofa domestica”), animal que fascinaba a los nihilistas de Dostoyevski por el pasaje de San Lucas del endemoniado y los cerdos gadarenos.

Esos demonios que salen del enfermo y entran en los puercos son todas las miasmas que se han ido acumulando en nuestro grande y amado inválido, en nuestra Rusia. Y nos arrojaremos, los delirantes y endemoniados, de un acantilado al mar, y nos ahogaremos todos...
El piropo (“moscardear majaderías”) no va tan lejos: es, en efecto, “el fruto de una mala educación”, como escribía Fernández Flórez en una Tercera de ABC (¡1928!) contra los casticistas:
Es un vicio preferentemente andaluz y madrileño que no revela galantería: no es un detalle del culto a la mujer, sino del hambre de mujer que padecen los españoles.
A los Merlín de Podemos que salvaron el rabo de los perros para que los Merlín de Ciudadanos pudieran convertirlos en personas se unen las Morganas junteras que transforman al cerdo en hombre que dirige donaires vocales al transeúnte: el hombre como cerdo asimilado, idea que han debido de sacar del bilbaíno Basterra, poeta de la “Sobrespaña”, que redujo el león a mera asimilación de cordero.

Una vez aquí, que las Morganas se pasen por Manuel Halcón y consideren para su campaña contra el piropo la solución que contra la langosta ofreció su primo Fernando Villalón, mejor poeta (“Andalucía la baja”) que ganadero (Corrochano se preguntaba por qué sus toros saavedreños no eran bravos y por qué lo eran los que se hicieron con su desecho):

Capar los machos.