Follow by Email

miércoles, 1 de abril de 2015

El cisne negro



Un perfil de Santiago Wills
Fotografías de Jack Devant

Cuando a Misty Copeland se le caen las llaves de su apartamento en el Upper West Side de Nueva York, las levanta sin doblar las rodillas, con el dedo índice y pulgar, como si se tratara de un cristal. Todos los días, en la estación del metro de Lincoln Center, la más cercana de donde vive, Misty Copeland se cuida de no perder su postura cuando desciende al subterráneo: elevada sobre unos empinados tacones de aguja del diseñador francés Christian Loboutin, la bailarina de ballet mide cada paso para evitar que la gente se dé cuenta de que sus piernas son más cortas de lo que ella quisiera.

Erguida, cuida las líneas y los ángulos que forman sus brazos respecto a su cabeza y su espalda, como si en todo momento se encontrara sobre un escenario. Misty Copeland duerme con las piernas abiertas y las rodillas recogidas hacia afuera, como una rana boca abajo a punto de impulsarse mientras nada. No come grasas ni azúcares. Nunca se maquilla cuando va a un ensayo. Baila ballet entre nueve y diez horas diarias desde hace unos veinte años, y, cuando no ensaya ni da clases ni se presenta en un espectáculo, ayuna ciertos días para eliminar las toxinas y el peso que cree haber aumentado. Acababa el verano en Nueva York, y la bailarina negra debía empezar a prepararse para bailar por primera vez el papel del cisne blanco en EL LAGO DE LOS CISNES, quizá el personaje más célebre de la historia del ballet. Hasta donde ella sabía, en los cerca de cuatrocientos años de historia del ballet clásico, sólo una bailarina negra del Houston Ballet, una compañía menor, lo había hecho sin mayor éxito. «Hay algo acerca de ese ballet que hace que la gente imagine a una mujer rusa, extremadamente alta como el cisne», dijo en una aparición en el TODAY SHOW, un programa matutino de la cadena NBC que tiene más de cinco millones de televidentes. «La gente no imagina a una mujer afro-americana como una bailarina porque cree que no somos delicadas ni femeninas. Nos ven como fuertes y agresivas». Era su papel más inesperado después de casi veinte años de andar en puntas de pies y Misty Copeland estaba con los nervios en punta.

Seguir leyendo: Click