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miércoles, 29 de abril de 2015

La bandera



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La misión que la Historia reservaba a Pablemos era recoger la indignación de la izquierda revolucionaria en la Puerta del Sol y pastorearla hacia el interior del sistema, tal que en Bravo Murillo condujo Panero una manifestación contra el Régimen a un callejón sin salida, donde les dieron.

Mas para llevar a cabo su misión, Pablemos necesita la bandera, como esos guías que en Sevilla pastorean a los turistas japoneses camino del Alcázar, pero no sabe, el hombre, cómo sacarla.

Imagínate un condón que cuando viene el gusto se enciende una bandera catalana –dijo el emprendedor Justo Molinero al separatista Junqueras.
Pero Pablemos, en eso, es igual de estrecho que Carrillo. Podría probar a desplegar la bandera como Pepe Luis la muleta. ¡El cartucho rojigualdo de Pablemos!

En el 77, Carrillo fue a la Zarzuela y no se volvió a ver una bandera republicana en sus mítines. Pablemos ya fue a Bruselas a ver al Rey, pero aún le falta que en los mítines comunistas no se agiten trapos tricolores, lo que produce esa risa nerviosa que suele acometer a las almas sensibles cuando salen de visitar un manicomio.

¡Aquello era un manicomio! –dicen quienes vieron el gol de Chicharito en el Bernabéu, donde hay banderas mexicanas, pero no españolas, ya retiradas.

Aldeanismo hispánico.

¿Qué se va a hacer con la bandera roja y amarilla de las portadas de los “Episodios” de Galdós? –se preguntaba Ruano en enero del 32.
Dos semanas después, era enviado al Alto Llobregat para informar del primer levantamiento izquierdista contra la República, y se detuvo en Figols para reportear el baile de banderas: “En abril quitaban exaltadamente la bandera que estaban acostumbrados aplaudir e izaban con entusiasmo la bandera republicana. Ahora se han cargado la bandera de la República y han levantado la roja. Luego quitan la roja y ponen la blanca. Por último, quitan la blanca y alzan la republicana”.

A ver con qué bandera nos hace el cartucho Pablemos.