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lunes, 27 de abril de 2015

La Vecchia Signora




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La bizarría madridista ante el Atlético ha sido bendecida por la Fortuna con un cruce con la Vecchia Signora.

De niños nos costaba un mundo entender que a la Juventus se le dijera Vecchia Signora, pero después de las “Confesiones” de Rousseau y muchas ruedas de Prensa de Valdano nos enteramos de que, así como el “New York Times” es ese periódico católico patrocinado por judíos para chasquear a los protestantes, la Juventus es ese club obrero patrocinado por aristócratas para vender el Fiat 600.
Gianni Agnelli fue el Santiago Bernabéu de la Juve, y Ramón Mendoza presumía de hablar con él en francés.
Me llamaba a la hora que él acostumbra levantarse, las siete y media de la mañana, madrugada para mí. Hablábamos en francés e irremediablemente me preguntaba por Sanchís.
Sí, señores. Agnelli parecía un renacentista, pero estaba futboleramente enamorado de Sanchís, el futbolista cuyo entrecejo es la clave de bóveda del piperío madridista, capaz de pasarse una noche en blanco esperando el paso de un corzo en el Gargantón.

Bonjour, mon ami, ça va? Je veux les deux Sanchís, le jeune y le vieil.
El viejo, dice Mendoza, era Hugo Sánchez, y el joven, Manolo, al que Agnelli quería a cualquier precio, pero Manolo se quedó en el Madrid como se queda en el Gargantón, quieto, y la Vecchia Signora fichó al alemán Kohler.

¿Que por qué Vecchia Signora?

Pues porque sus figuras tienen más años que una bandada de loros, desde los 37 de Gianluigi Buffon hasta los 35 de Andrea Pirlo, pasando por los 33 de Evra o los 31, que parecen 60, de Carlos Tévez. Eliminaron al Mónaco con un penalti inventado en Turín por el árbitro y ahora están en condiciones de viajar al Bernabéu con la misma tensión competitiva que adornaba a la tercera edad de La Mancha en los viajes de Bono a Benidorm.
El Madrid aprendió, al fin, a tratar a estos equipos pescueceros: la Juve en Italia, y en España, el Atleti.
¿Mi posición? –dijo Sergio Ramos, viéndose de medio centro contra Simeone–. Me van los técnicos con huevos.
Donde todo el mundo había visto flores, el “Cortihero” vio… huevos, que, desde luego, son los que tuvo Ancelotti para rescatar, como recurso contra el Atlético de Raúl García, la táctica de Mourinho contra el Barça de Leo Messi.
¿Qué es lo que mejor hace Manolo? ¿Regatear? Pues que nadie marque a Manolo –razonaba Cruyff su táctica contra el Atlético de Manuel Sánchez Delgado, más conocido como… M;anolo.
Han sido unos cuartos históricos: Ancelotti rompió moldes en el Bernabéu contra el Atlético y Guardiola rompió en Munich el pantalón contra el Oporto.
El molde de Ancelotti dejó ver al Pelegrín (“El sistema Pelegrín”, de Wenceslao Fernández Flórez) que el italiano lleva dentro.
El siete en el pantalón de Guardiola dejó ver unos calzoncillos que a Rosa Belmonte le parecieren el colmo de lo cani, algo que no se esperaba del tipo que m… colonia.

El Madrid se va a jugar la Undécima a los chinos con un tío que no cabe en el pantalón… y Luis Enrique.


CHICHARITO
Regalado por el United de Van Gaal, Chicharito andaba por Madrid como otro de tantos mexicanos ricos que te presentan últimamente en España (¡que cuente Antonio Burgos los que ha visto en la Feria!), hasta que hizo el gol de la leyenda de la Undécima, que ya decía el Indio Fernández que en México todo hombre puede ser leyenda siempre y cuando simbolice un ideal popular. “Yo, en lugar de corazón, tengo un águila devorando una serpiente”. Descolgados del caprichito del flamenquito para guiris de Isco, los piperos se suben al nopal sobre el que Chicharito, que en el banquillo nunca estuvo achicopalado, devora a la serpiente que se interpone entre ellos y su ideal. Chícharo, Chícharo, Chícharo… (Como Fígaro, Fígaro, Fígaro…)