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jueves, 9 de abril de 2015

Perder sin explicación

Francisco Javier Gómez Izquierdo
      
        Cuando el árbitro del Deportivo-Córdoba pitó el final del partido, justo después de que Krhin fallara un gol completamente sólo ante el portero Fabrizio y el marcador reflejara un inútil 1-1 para los dos conjuntos, me acordé del caso del tío Wenceslao, un señor muy brutote de mi pueblo que en insólita confusión llamó a voces a su señora desde la cuadra -la cuadra era la calefacción de las casas en la sierra de la Demanda- en los siguientes términos: Irene, baja el candil que la mula ha soltado una coz y no sé si me ha dado a mí o la pared”. Así te quedas al final de muchos partidos del Córdoba. Sin entender por qué no se ganan y preguntándote por qué no tenemos una “miajita” de suerte. Mejor, que no nos castigue tanto la Fortuna.

       Los partidos que juega el Córdoba son extraños. Muchos los pierde con todas las de la ley, otros por debilidad propia, pero, por lo menos en cuatro ha caído sin explicación convincente. El de ayer en La Coruña, por ejemplo. Vas ganando 0-1, dominas, tienes ocasiones para sentenciar, por fin no juega Zuccullini, te anulan un gol, a portería vacía tu jugador Heldon dispara al aire, expulsan a uno de los suyos, Luisinho... y cuando estás convencido de que están los tres puntos en la talega, se cede un saque de esquina innecesario y a resultas del mismo, uno de los nuestros, el delantero rumanito Andone ensaya una inverosímil jugada defensiva: ceder con el pecho al portero. Para tal alarde se necesita mucha técnica y los pectorales almohadillados, detalles que por desgracia no posee Florin. El balón rebotó desobediente y venenoso hacia la red cordobesa ante el asombro de propios y extraños y el desconsuelo del valiente y esforzado rumano. Otro gol estupefaciente, como el de Fede Vico ante el Getafe. El encuentro agonizaba, pero aún saltó la posibilidad de que Krhin enmendara la desgracia de Florin Andone. No pudo ser. Al esloveno le faltó serenidad y quizás también técnica. La caprichosa bola tropezó en una parte de Fabrizio y final del partido. A los cordobesistas nos dejó con la cara partida y con la sensación de que nos ha mirado un tuerto. Creo que ganar no hubiera servido de nada, pero en una carrera siempre da moral ver el culo del que va delante.

     El Dépor juega bastante peor que el Córdoba y en Coruña lo reconocen. Por eso su presidente ha vuelto a cambiar de entrenador y sobre todo porque ya sólo quedan cuatro equipos –¿seis con Elche y Levante?- para los tres puestos deshonrosos. Huele a debacle andaluza con el Córdoba, Almería y Granada como máximos candidatos al descenso, pero el Deportivo no es mejor que ninguno de los tres.