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sábado, 4 de abril de 2015

Semana Santa en Córdoba. El paso

 “Estamos donde esperábamos, hermanos”

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Los devotos y seguidores de la Semana Santa esperan los pasos a la salida de los templos por muchos motivos que se le escapan al turista. El más importante supone una atracción irrefrenable que cada Lunes o Jueves Santo los planta ante la Merced o  La Caridad, temerosos de que su Virgen note su falta y angustiados de que alguna desgracia les impida cumplir con el compromiso,... pero hay muchos más: el nuevo juego de candelabros de plata, el cambio de botones en las túnicas, la novedad de  rosas rojas por las blancas, el progreso del corneta de la banda del Esparraguero, el estreno de los incensarios..., cientos de detalles lejos del catalán -muchos catalanes en Córdoba- y el riojano visitante.

      Sin embargo, el extranjero queda paralizado a la puerta de la Iglesia, admirado por la pericia de los costaleros, ciegos bajo el faldón, obedeciendo al milímetro las órdenes de su capataz para salir como Dios manda: “No podemos estropear el trabajo de todos los hermanos.” Y al extranjero, sin saber por qué, le recorre un escalofrío tras el grito del capataz  cuando ve cómo  los varales de las esquinas no rozan como teme, sino que  parece que se agacharan un centímetro en el último instante. 

El público todo aguanta la respiración hasta que el palio pasa entero y entonces un “óóóóóle” espontáneo y gozoso enorgullece al costalero en general y a los costeros en particular, que se han acuclillado para superar el ojo de la aguja.

 
 “..abajo la última trabajaera...”

 “..menos izquierda, Rafaé..”

 “Así, valientes, así...”

 “...OLÉ”

 “...y José de Arimatea, tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia...”
Mateo, 27  v.59
“Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto y llamando al centurión 
le preguntó si hacia mucho que había muerto”
Marcos 15, v.-44