Hughes
Pura Golosina Deportiva
Un Benfica sin Mourinho. Hubo enfados con él estos días, pero Mou hizo lo de siempre: defender a los suyos más allá de lo correcto.
El partido deja cosas buenas. Voy apresurado y ya me quedé con ganas de escribir sobre Pamplona. De Asencio, sobre todo.
Si hay lesiones arriba, entran Gonzalo o Güler y el equipo mejora en algunas cosas; por detrás, la condena es Asencio. La temporada está en que las lesiones sean arriba y no abajo.
A los cinco minutos ya se había comido Asencio un caño. No puedo escribir como quisiera porque le he visto salir con collarín y estará en el hospital, quizás luchando por su vida, lo cual me inhibe mucho. Ya de normal pienso que pura golosina lo leen las madres de los futbolistas y me da apuro ser cruel.
El Benfica salió bien plantado y el Madrid tardó unos minutos en llegar al partido, cuando asomó la conexión Güler-Vinicius. Me fijé en una jugada en que Arda ya dirige el juego lejos de la pelota. Aplaude todo lo que signifique fluidez e inteligencia, que no abunda.
En el 13 marcó Rafa Silva tras casi autogol de Asencio, que forzó un paradón colosal de Courtois, con más mérito, si cabe, porque al ser el disparo de su compañero, el reflejo tuvo que ser doble. Vendido, ya no pudo parársela a Rafa Silva.
El Madrid pudo venirse abajo pero se sacó del miedo marcando muy pronto; una llegada de Tchouaméni, que fusiló al borde del área tras pase de Valverde.
Ya se ha mencionado el sostén del Madrid: Courtois, Valverde, Tchouameni y luego se sumaría Vinicius.
El Madrid seguía frágil y de banda a banda (de Vini a Fede-Trent) el balón tardaba lo que un viaje en AVE de Óscar Puente. Era más fácil cuando Trent o Güler buscaban a Vini, ahí si había apertura, balance, oxigenación...
Vini era el que faltaba y apareció a la media hora con una jugada de rompe y rasga, literal, al buen lateral Dedic. Quebró, reculó, gambeteó, centró, tocó Valverde, siempre sumando en su puesto, del que no debe salir, acto de nueve de Gonzalo y llegada de Güler como llegaría Bellingham. El gol fue anulado por el VAR por offside inexplicable. Yo me estoy haciendo mi madre porque no entiendo ya los fueras de juego.
De repente... una perla cultivada de Maldini... “A mí fulano me encanta. En Palmeiras hacía unos partidos...”.
El partido estaba aún vivo y Courtois hizo el paradón-paredón de siempre, una parada “50 euros” porque tira la mano al suelo con una velocidad supersónica.
Poco antes del descanso hubo una ocasión de Güler y Vini ya carburaba, ya había empezado su otro partido de hablar solo, de risas, protestas, arengas...
Al volver, hubo una ocasión de Valverde, que migraba a la zona izquierda dejándole el centro a Trent. La pelota viajó rápida de banda a banda por Güler, que agilizó bien la jugada. Ahí está el Madrid de Arbeloa.
Vimos que Carreras se va haciendo, que la seriedad de Arbeloa va a ser su estilo y que Otamendi invadía constantemente la esfera personal del árbitro. Ser Otamendi lo bueno que debe de tener es poder tatuarte la contraseña del wifi. Había dos horrores en el campo, su horror vacui y el horror de Asencio, que prodigaba las asenciadas. En los saques de esquina, especialmente, hace esos gestos un poco irritantes como si le estuvieran cacheando. Yo he de reconocer que también le puse esa cara a uno de seguridad en un control de AVE.
El Benfica era ya más juguete que estilete, Tchouameni imperaba (qué ganas de escribir Chuamení sin más) y hasta Trent, siempre altruista, se hacía su ocasión.
Pero el Madrid no podía relajarse estando Asencio en el campo. Le sacaron una amarilla evitable y luego la tocó lo justo para un palo de Rafa Silva haciendo ese garboso gesto suyo de “sin manos”, que da pavor. Asencio es Asenzio, un jugador para la Generazión Z.
Gonzalo se movía bien, no le pediría más. Es un jugador raro porque es un 9 que se da un aire a Rita Irasema...
Hubo un lance magnífico: robo de Chuamení, caño de Güler, ésa es la media del Madrid, con dos interiores.
El realizador sentía la necesidad de mostrarnos a Carvajal en el banquillo. Le delataba el pie, sin parar, nervioso.
El Benfica era menos Benfica, como si en la charla del descanso hubieran visto más que otra cosa las tetillas decadentes de Mourinho.
Valverde pudo marcar lanzado por Trent y en el 71 chocaron Camavinga y Asencio, y el bravo central que quedó lesionado, quieto, reducido con collarín, lo cual me hizo sentir culpable y no ilusionado, como debería, sino preocupado.
Todos en vilo y en el palco (otra vez el realizador) los Huijsen, rubios y felices. Será criticado el genial Huijsen por el madridismo mendrugo y atroz.
Siguiendo estrictamente el “Puerta grande o enfermería”, y como lo primero es imposible del todo, Asencio se retiró en camilla y ovacionado por la grada, una muestra de su particular genio: la capacidad de arrancar ovaciones del estadio con partidos que son una calamidad tras otra.
Pronto llegó el 2-1, pero quede anotada la valentía de Arbeloa al sacar a Mastantuono. Valverde se quedaba la izquierda, y por allí robó y lanzó a Vinicius, que en una escapada esperó a que le llegara el estrepitoso y patibulario Otamendi y al tenerlo cerca, al sentir la posibilidad del crimen, colocó la pelota con sus botas rosas de Coppi solitario o de Pantera, llamativo y feliz, y así se fue a celebrar el gol, de nuevo bailando, arrimando cebolleta al banderín de córner.
Por la izquierda Valverde es más torrente aún, parece desbordarse, venir más cuesta abajo.
Hubo unos minutos para Thiago Pitarch y... no se hable más: un giro de derviche, todo levedad, un robo inmediato y luego un raulismo corriendo al horizonte...
Arbeloa, ponlo ya, y de paso, culmina tu gran obra de madridismo y fútbol sacando a Manuel Ángel.



