viernes, 13 de febrero de 2026

Conectarse las líneas



Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Son demasiados los partidos en los que acabo soliviantado. Partidos del Córdoba y del Burgos y lo que es peor, partidos en los que ni me va ni me viene nada. Me siento un ortodoxo en lo tocante al fútbol, un acérrimo defensor del Reglamento, y me repatea la falsa pretensión de que para ser infalible en las áreas y en la detección del fuera de juego se haya inventado ese cáncer del fútbol llamado VAR. Ya va a ser imposible que se elimine el artefacto porque locutores y aficionados están abducidos con pleno consentimiento y hasta alegría a pesar de su toxicidad (es como si te robara un rufián y tú dijeras en el juicio que le diste con gusto la cartera) y es cosa de ver cómo cuando el VAR tarda en explicar un penalty o una expulsión, los locutores, que cobran por defender semejante intrusismo, remolonean  la opinión con una cursilería espantosa.


     Tenía intención de aplaudir la magnífica primera parte -un 4-0 estupefaciente- ante el Barcelona del Atlético de Madrid en general y Griezman en particular de la ida de la semifinal de Copa, pero la nueva y nefasta intervención en la anulación del gol en fuera de juego de Cubarsí en la segunda parte me creó un desasosiego (no por el gol, sino por el sacrilegio), que ya digo, es sensación que creo cada vez tenemos menos aficionados. Aficionados que nos hemos educado en la inigualable academia que consentía el error del juez, que daba autoridad al colegiado, que le permitía dudar.. y decidir conforme a su leal saber y entender. Si dudaban en el fuera de juego, "sigan, sigan"; si en una falta o mano en el área, "jueguen, jueguen". Eran personas con autoridad y sus errores alimentaban el fútbol. Hoy, un árbitro es un bedel, un mal recadero, un chisgarabís. Dicen los que no les gusta el fútbol: " ¿Y el gol con la mano de Maradona?" ¿Que qué pasó? Pues para los ingleses un robo, pero para el resto de aficionados del Mundo y no digamos los argentinos: "la mano de Dios". Una polémica mágica, fascinante y enriquecedora que dio páginas de una riqueza literaria extraordinaria. "Oigan, Inglaterra ganó su Mundial con un gol que no entró", les dices... y ni saben que Inglaterra ganó un Mundial. Para mirar perfección en las sanciones, váyanse al tenis.


      El señor Pablo González Fuertes arbitraba mal, muy mal. Sin autoridad, con pequeñas venganzas hacia los débiles y reverencial temor para con los fuertes Ahora lo han puesto a interpretar el VAR y sigue siendo malo; peor que arbitrando; pésimo a la enésima potencia y anoche decidió representar una actuación estelar. Borrar el protagonismo de Griezman, Julián Álvarez, Giuliano, el balón... y hacerse notar por televisión. Con ayuda del pérfido trasto se metió a inventor y trazó una línea para el fuera de juego como la que yo llevo delatando de Flick.  "La línea de Flick". La línea de Flick se puede cruzar mas fácilmente de lo que los santones del fútbol creen. Es opinión de aficionado, que vengo apuntando aquí desde que la implantó, que eso se destroza saliendo del propio campo por el costado del lateral mas lento. Anoche Simeone así lo entendió y le salió redondo. Otros equipos también lo han hecho, pero les ha faltado calidad para descabellar en portería.


     La línea del VAR de González Fuertes pretende ser divina y no admite discusión humana, Consiente parón de seis minutos y media hora si hace falta, para explicar el trazado y rematar diciendo que Dios ha tirado la línea y no hay recurso humano que valga. Servidor cree que las líneas del VAR de González Fuertes y otras tantas como las del asturiano, son medio verdad, que es la peor de las mentiras y aún siendo verdad concreta, en la de González Fuertes no hay fuera de juego. El Reglamento da gol en semejante caso. También dio gol el árbitro Munuera. Un Munuera al que desde que fue mal corregido por la locura del cuartucho varístico se le fue notando la zozobra y desazón, hasta el punto de destrozar el resto de partido y no acertar en el flagrante caso de una expulsión que la merecía  por doble motivo. El VAR, después de entontecerle, corrigió el tropezón de sus sonadas entendederas. El VAR es como esos que te condenan a la pobreza y te regalan entradas para ir al cine.


       Espero y deseo una final Atlético de Madrid- Real Sociedad... y que la gane la Real.