viernes, 13 de febrero de 2026

La maldición china


Muray


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Vivir tiempos interesantes es una maldición china, y en ella estamos. Ahí tenemos la singular pelea de nuestro Sánchez contra Elon Musk por la salvación de la infancia que en vez de leer novelas de Uclés ve videos de “X” y se hace de extrema derecha en la pantomima del Estado de Partidos, donde todo es mentira menos lo malo. Los Sánchez se van a la Guerra de los Valores como se fueron los Habsburgo a la Guerra de los Treinta Años. Lo vino a decir Céline en 1933:


Cuando nos hayamos vuelto morales del todo, en el sentido en que nuestras civilizaciones entienden eso y lo desean, y pronto lo van a exigir, creo que acabaremos también reventando completamente henchidos de maldad. No nos habrán dejado para distraernos más que el instinto de destrucción.


En 1991, un audaz admirador de Céline, Muray, observó que la tendencia de las mayorías era lamentarse por la desaparición de los valores, “llorar sobre esta sociedad que decididamente ya no cree en nada, que ya no ama nada, que ya no sabe valorar nada”… Y le pareció falso, “Archifalso. Para chillar de falsedad”. Según él, no habíamos estado nunca tan cercados por “valores” más aplastantes, más apabullantes, más aterradores.


Todavía hay que ir definiéndolos. Espero ir haciéndolo poco a poco. Voy andando a tientas en torno a ellos. Indicando algunas vías… No podemos liberarnos con una sola frase de todos esos embrollos de censuras dulces y de masacres invisibles. ¿A “quién” culpar, en esta Aldea Global en almíbar? ¿Con qué sombras emprenderla? ¿A qué fantasmas responsabilizar?


Y releía Muray, con todas sus fuerzas, a Tocqueville porque se atrevió a escribir con la mayor frialdad del mundo: “Lo que le reprocho a la igualdad no es que arrastre a los hombres tras de los placeres prohibidos, es que los absorbe por entero en la búsqueda de los permitidos”.


La Coalición de los Dispuestos en pro de la inocencia de la infancia y contra los valores muskianos de la libertad de expresión (libertad que únicamente se dio en América) son la Francia de Macron (el Sacarino de los Rothschild), la Inglaterra de Starmer (cuya primera visita como primer ministro fue la de Gates con Fink) y la España de Sánchez (cuya primera visita como primer ministro fue la de Soros).


Las llamadas “democracias liberales”, que en pura teoría política nadie sabe qué son, vendrían a ser el boudoir donde filosofaba Sade, que escribió: “No hay hombre que no desee ser un déspota cuando se empalma”.


No hay libertad para los amigos de la libertad, concluyó Muray, que vio en qué consistía el complot prohibicionista actual: “Transformarnos a una mayoría de entre nosotros en militantes de la Virtud, en contra de una minoría de rezagados, representantes provisionales del Vicio, que serán liquidados poco a poco”. ¿Y Epstein? Según los epsteinianos, Epstein sólo era un pobre “entrepreneur” ruso. Circulen.


[Viernes, 6 de Febrero]