viernes, 6 de febrero de 2026

Los intocables


Puente


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Ninguna estupidez política produce más ternura que la exigencia de responsabilidades a un Régimen diseñado para eludirlas y en un país que todavía anda esperando las de Annual.


Esta cultura política de la “responsabilidad irresponsable” (la voz “responsabilidad” la utilizó Alexander Hamilton en 1787) fue teorizada por Benjamin Constant, amante de Madame de Sataël, en “La responsabilidad de los ministros”. Constant luchó contra “los gobiernos abusivos, que sin ser fuertes eran vejatorios, absurdos en sus principios, miserables en sus acciones, gobiernos que tenían como resorte la arbitrariedad y como objetivo el empequeñecimiento de la especie humana”. Mas su obsesión, tan liberalia, de evitar el castigo a los ministros responsables convierte a Constant, a juicio de Trevijano, en el mejor intérprete de la moral contradictoria de las épocas de transición: admisión teórica de la responsabilidad política de los gobernantes e imposibilidad práctica de exigirla. En resumen: los liberalios conservaron del antiguo régimen la creencia de que el castigo de un hombre de gobierno causaba daño al rey, que era inviolable; pero adoptaron de los nuevos tiempos el principio de publicidad del proceso de responsabilidad, y Constant creyó resolver la contradicción limitando el castigo del ministro a su salida del gobierno, por pérdida de confianza de la mayoría acusadora.


Algunos infelices piden la dimisión de Puente, que históricamente estaría a la altura de las de Bismark o Necker, pues en el sanchismo se habla del ministro pucelano como de un Juan Antonio Bravo y Díaz Cañedo, ingeniero y abogado, creador de los Altos del Sil, y según Trevijano, “la mayor inteligencia que he conocido”. ¿Dimisión? El ministro contesta con veinte millones de “leures” para las víctimas, gesto españolísimo, cuya psicología está en aquel torero que “in illo tempore” se presentó en una radio que lo había injuriado y pidió ver al director, que salió a recibirlo, y lo que recibió fue una torta en la cara y “cinco mil pesetas” para el juicio de faltas.


Circula por ahí un video de la intervención de Blas Piñar en el debate de la Reforma Política. Piñar se declara, naturalmente, partidario de la “democracia orgánica”, y pide a los partidarios de la “democracia inorgánica” que tengan la decencia de plantear el preceptivo período constituyente que, por supuesto, jamás tuvimos, pues lo acordado por Washington y Bonn era el mejunje del Estado de Partidos, este Régimen de la “responsabilidad irresponsable” en el que chapoteamos. El mismo (“la Transición española”), ay, que Marco Rubio, el chico de Adelson, propone para Venezuela, el país de Francisco de Miranda, para mayor escarnio.


La responsabilidad política nace, en fin, con el principio de representación, vinculada desde sus orígenes a la democracia. De ahí que en España nadie la haya visto nunca, pues el sistema proporcional “elimina cualquier atisbo de representación” (Leibholz).


[Viernes, 30 de Enero]