lunes, 9 de febrero de 2026

Hughes. Valencia, 0; Real Madrid, 2. Un pase de Trent, un pase de Huijsen...


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Párvula defensa ayer. Jugaba David Jiménez y en el banquillo quedaban, y bien que lo recordó el realizador, Carvajal y Trent. El último salió al final, no así el primero, al que le queda ya sólo hacer de veterano. Buscar polémica ahí sería de un nivel de tercermundismo preocupante.


Me ha dado por decir tercermundismo, con todos los respetos a los del tercer mundo.


Valverde y Camavinga ascendían del lateral a la media, donde volcaron su ímpetu inexacto. Aunque no sea el designado heredero de Kroos, Valverde viste y da cuerpo al equipo ahí. Es como meter legumbres en un caldito acuoso.


Para el ataque quedaba la conexión Güler-Mbappé con el trabajo gravitacional de Gonzalo, que empieza con cara de tártaro y acaba con cara de chino, ¡se recorre Eurasia en 90 minuti de tanto como corre!


El ambiente en Mestalla no era el habitual. Sin Vinicius, y con la que tienen allí, la inquina era muy poca.


Para el plumilla fue otra prueba durísima. Es un Madrid que induce al sueño, que como te pille con pocas horas de descanso te fulmina, te va dando con un mazo de tedio. Para colmo, quedé atrapado en una modalidad de retransmisión en la que la pantalla estaba partida, con varias cámaras, faltaba el pactómetro de Ferreras de Aragón, con un par de locutores perennes y un recuadro que representaba el partido como juego de ordenador. Era bueno porque se veía ahí en su esplendor el bloque bajo, el bloque medio...


Diría que lo mejor del Madrid fue haber ganado un punto más de solidez y ciertos momentos de toque elaborado. Esto empezó a verse en la primera parte. Camavinga se colocaba muy por detrás de Carreras. O sea, los interiores empujando a los laterales. Era mucha la iniciativa de Huijsen, y hubo una jugada, quizás la primera en la que el Madrid embutió al rival en su área, en la que la sucesión de toques ‘gananciosos’, ese lento avance, fue arruinado por Asencio cuando rutalmente devolvió la pelota a Courtois, treinta metros atrás. Esto no quedará registrado como fallo, pero sí alguna cantada de Huijsen, que la hubo en la primera parte.


Siempre que hay bajas arriba el Madid está mejor. Mbappé estaba fallón y pudo comprobar lo difícil que es ser Vinicius, pero sin todas las estrellas, sólo con algunas estrellas, el Madrid suele ser más equipo, más convincente como posibilidad colectiva.


La primera llegada fue de Güler, en el 17. Creo que da 0’3 asistencia por partido y un par de ocasiones, y que esto es una cosa excepcional. Más allá de estadísticas, está claro que él es el túnel que lleva al otro lado de Mbappé. Es la embocadura de clase que convierte el garbancero pasar de la media imposible en fútbol destilado. Hay algo de conversión, de transformación. Y el esquema del ataque es eso, un alambique cogido con alfileres.


Mbappé lo intentó poco después, la paró Dimitrievski, o como dijo un locutor, “el meta normacedonio”.


Lo de Güler se vio muy claro algo después, minuto 27 (la importancia del minutero en la crónica es lacra que me queda). La tenía Tchouaméni y Güler, en posición de mediapunta, algo ladeado a la derecha, bajó un paso, sólo uno, en un claro que quedaba en la mediapunta. El lichtung, clave heideggeriana del fútbol. Consiguió Tchou pasarle la pelota “al otomano” (de nuevo el genial locutor) y ya, ganada la llanura, sólo era cuesta abajo hacia el mar de Mbappé, al que buscó con esos pases suyos que son como salir con el perro a darle la comida. No fue gol por poco, porque Mbappé abrió a la derecha donde llegaba David Jiménez, que remató simplón pero demostró buen llegar y también buen centrar al llegar.


Los canteranos del Madrid tienen que tirar la puerta abajo, que se dice, pero lo primero que tienen que hacer es individualizarse, singularizarse. David Jiménez ahí va retrasado. El proceso de identificación de los canteranos es distinto al de los otros fichajes. Cuesta destacarlos, incluso distinguirlos, aunque luego se hacen muy nuestros. Había cuatro en el campo.


La jugada había demostrado dónde estaba el oro, a costa de alejar a Güler del inicio. Pero ahí llegó también Alonso.


Camavinga da la sensación de jugar con los airpods puestos, pero de interior echado a la izquierda no estuvo mal.


EL partido siguió desgastándose a sí mismo y a los espectadores hasta bien entrada la segunda parte. Al Madrid quizás le faltaba banda, extremos. No había ideas y hemos llegado a la conclusión de que tampoco se pueden esperar. Esto sería lo mejor: no esperar nada. Esperar cerocerismo, ‘compromiso’ y que alguien le echa carne al cazagoles. O sea, ser un clásico buen equipo a la italiana, lo cual está muy bien.


Dentro de la nada estaba también la nada del Valencia, la ausencia de peligro, y de esa nada brotaron unos momentillos de toque que estuvieron bien.


Cuando ya pasábamos del 60 y no hacer cambios parecía una confesión de impotencia, Carreras arregló el partido entrando en el área; una vez dentro, recortó a dos rivales, con regate sucio, trabado, pero luego chutó muy bien ajustando por la derecha.


El gol era muy importante. Otra cosa buena de estos partidos es que a la fuerza crecen los muchachos. Carreras echa raíces en el equipo, y lo mismo le sucede a Huijsen, de un modo menos visible. Su importancia en la construcción es creciente, también sus cortes, su concentración defensiva. Es verdad que no tiene contundencia ni formas de central (lo que por contraste beneficia a Asencio), no tiene ese pronto de Sandokán que se lanza agresivo al tackling, algo impensable en él, pero tiene otras cosas muy difíciles de encontrar. El 0-2 llegó de él, de un pase en el que de una, y desde el central, colocó a Brahim ante la portería. Brahim ahí pasó a Mbappé, que sació así su estadística. Brahim se lo reconocía en el abrazo de celebración: tú, tú, y señalaba al espigado central lácteo.


Brahim, por cierto, está bien así, de revulsivo. Dio el penalti ante el Rayo y esta asistencia. Suministrador alternativo para el napoleónico.


Con el gol, el realizador sacaba a Corberán, increpado por la grada. Un plano memorable: su cara ‘acontecida’ y de fondo la de un forofo gritando. Corberán es Arbeloa peor, muy demacrado, una mezcla entre Arbeloa y el meme Wojak. Arbeloa más tiempo o Arbeloa pobre. Vimos en un instante la dinámica del chivo expiatorio que carga el entrenador siempre consigo.


El público del Valencia sacaba pañuelos blancos, algo que viene de los toros y que esta vez debía conmover, semiótica muy optimista, a Peter Lim.


Del Madrid, por acabar, me gustó un pase de Trent cuando salió en la segunda parte. Ese pase de Trent, ese pase de Huijsen... Los defensas nuevos buscan a los delanteros sabiendo que entre medias se pierden las cosas.