Las postrimerías de Sn Fernando, Virgilio Mattoni
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Que las formas son sagradas, dicen nuestros pimpollos liberalios. España, se ha dicho, es un pueblo creador de formas porque es un pueblo de artistas.
–Claro que “Las postrimerías de San Fernando” (Virgilio Mattoni) es un cuadro milagroso. Se ve la Sagrada Forma de perfil. Es una línea y se ve redondo. ¿Comulgaría usted con esa Sagrada Forma? –se extasiaba Dalí.
Hablando de formas: ¡menuda Black Week para el formalismo burkeano (Burke es el meñique de los liberalios) en Anglosajonia! El Parlamento británico (ése que podía “hacerlo todo menos convertir un hombre en mujer o viceversa”, según Jean Louis de Lolme) vota contra la investigación de las violaciones corales para no incurrir en islamofobia. Y en el Congreso americano, Pam Bondi (la lady Macbeth de instituto que funge de fiscal general del imperio) imputa antipatriotismo a quienes hablan de las violaciones solistas en la isla de Epstein en vez de hablar de la subida de la Bolsa, incurriendo en… aporofobia, para entendernos. Ya lo decía Burke, negroni en mano: antes que las leyes, lo que sostiene a la comunidad son las “manners”. Donde esté una “manner” de lord Mountbatten (¡o del principesco Andrew!), que se quite todo el “common law” del juez Coke. Ya lo sabes, “hillbilly”: tira tu Epstein y mira tu Dow Jones. En cuanto a zafiedad, ¿es más zafio Trump que Churchill?
La democracia son formas, acostumbran repetir en sus pesebreras de TV los liberalios, con una guiñada de ojo a lo Burke, que hizo de la irresponsabilidad política otro dogma liberal: suprimió la representación política con su discurso a los electores de Bristol, al establecer que el diputado elegido en un distrito de Bristol se convertía en representante de toda Inglaterra, con lo cual ya no respondía ante nadie. Supo, primero, anticipar el futuro (la revolución americana, el militarismo francés… ¡y nuestro Estado de partidos!), y luego, clarificar el pasado, cuando decía de Enrique VIII que, “si el destino hubiera querido que aquel tirano existiese hoy”, cuatro términos técnicos le habrían bastado para hacer lo que quería, tal que Rosie von der Leyen:
–Sólo hubiera necesitado esta breve fórmula de conjuro: “Filosofía, Luz, Libertad, Derechos Humanos”.
El concepto de forma que tiene el liberalio es spengleriano (“los hombres sólo tienen alguna importancia como delegaciones de formas”), pero el mundo real es otra cosa. El liberalio no ha leído a Tom Paine, quien en respuesta, precisamente, a Burke, afirma que las formas crecen a partir de los principios, y sirven para mantener los principios de los que nacen. Para él, es imposible practicar una mala forma basándose en algo que no sea un mal principio;
–No se puede injertar en uno bueno; y cuando quiera que las formas de un gobierno son malas, es un indicio cierto de que también los principios son malos.
Contrataque de Robespierre (suscrito por Marco Rubio): el respeto a las formas indicaría falta de principios.
[Martes, 17 de Febrero]

