viernes, 20 de febrero de 2026

Cávia



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Cávia, con acento en la primera “a”, como el propio Mariano de Cávia lo escribía, y con eso evitaba lo que alguna vez le sucediera, y era que un teclista le pusiera el acento en la “i” y quedara la cosa en “Cavía”, que viene a decir “conejillo de Indias”, ¿y qué hace un conejillo de Indias en Zaragoza? ¡Ay, Zaragoza! El domingo murió el zaragozano Labordeta y anoche se entregó el “Cávia”, que en vida fue un escritor zaragozano, y desde hace noventa años, un premio madrileño. A Labordeta lo frecuenté por culpa de una época en que las tías andaban con la revolución pendiente y se pasaban la vida siguiendo a los cantautores como los buitres dacios a las legiones romanas. Y ahí estaba uno, quemándose las yemas de los dedos no con la yesca de Warren Beatty, claro, sino con el mechero encendido para escuchar “Arremójate la tripa / que ya viene el calor” en la voz endrinosa de Labordeta, que siempre me pareció uno de esos españoles a los que para parecer buenos les basta con fumar “Celtas”. Como personaje aprecio más a Cávia, que tenía algo en la cara, nos dice Ruano, de cangrejo cocido, y que por la calle podía parecer un relojero o un comerciante, haciéndose acompañar a las cervecerías y a los cafés por un criado. “Tenía mal beber”, recordaba de él el chinche de Benavente, pero hoy Benavente sólo es un Tom de Finlandia para pobres, y Cávia, el premio de ABC, donde Cávia sólo echó un par de firmas: al fundador se le escapó en vida, pero en el mismo día de su muerte supo atraparlo para siempre: “ABC a la memoria de Cávia”. Cávia era coñón (su padre era de Trespaderne, con lo que esa tierra significa) y la corriente literaria que alienta “el estilo ABC” es una cultura bachillera despachada en finas lonchas de sentido del humor, aun en los momentos del drama supremo, como son los casos de Camba o Fernández Flórez, Manuel Bueno, D’Ors, Luis Calvo, Foxá, Ruano, Pemán, Madariaga, Giménez Caballero o don Emilio García Gómez.