domingo, 15 de febrero de 2026

Casa Regional


Figar

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El espectáculo yihadista de París ha puesto a los arbitristas madrileños a cavilar, y ya tenemos la primera solución, anunciada por la consejera Figar: Casas Regionales para los inmigrantes. Los españoles conquistaron el mundo mediante dos instituciones: primero, los Ayuntamientos –acuérdense ustedes de Cortés–, y después, las Casas Regionales –acuérdense ustedes de Fraga–. Desde luego, como se come en las casas Regionales no se come en ningún sitio, aunque en las Casas Regionales anunciadas por la consejera Figar, que “aboga por el asociacionismo”, como Cantarero del Castillo, no se comerá, sino que se cultivará. “Servirán como lugares de expresión cultural”, son sus palabras, francamente cursis. “¿Y usted, buen hombre, qué sabe hacer?”, preguntará la consejera Figar al “patero” magrebí, ávido de dar rienda suelta a su expresión cultural. “Tocar la caña rociera”, contestará el “patero” magrebí, ahíto de verla tocar en el Canal Sur que se coge agitando un alambre de cobre en las faldas del Gurugú. El otro día, en Morata, la caña vio uno tocar en la fiesta rociera de una persona de Gallardón. Tiki-tiki-tiki, tiki-tiki-tá. Tikitá, tikitá, ta-tá. “La guitarra no quiere caña, ¿sabe usted?”, explicaba el cañero. “Porque la calla. ¿A quién? ¡A la guitarra!” Para acallar a una guitarra sólo hace falta una caña de cuatro nudos entre unos dedos virtuosos como las yemas de los de Warren Beatty. Y para acallar a un inmigrante sólo hace falta ponerlo a tocar la caña rociera, más sencilla, pero más jocunda, que la quena perulera. Como expresión cultural, pocas cosas habrá más bonitas que una quena perulera y que una caña rociera. ¡Ah, esa gracia horrísona de pájaro carpintero! Dicen que así tenía la risa Bertrand Russell. ¿Habrá leído la consejera Figar a Bertrand Russell? Russell fue un hombre de lógica aplastante. Ese lema municipal contra la prostitución, “Porque tú pagas existe”, parece elaborado por él. Además, lo mismo vale para un roto que para un descosido. “Porque tú pagas existe” se le dice al roto de amor en la calle de la Montera. “Porque tú pagas existe” podría decírsele también al descosido de patria que cruza el Estrecho en una patera.