sábado, 14 de febrero de 2026

Casa Sierra


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Esa chacarrachaca de aves de corral a propósito de Aguirre y Gallardón –el serio sigue siendo Gallardón– debe de ser para tapar el escándalo político de verdad, que es el del poder absoluto del partido de la gaviota –del B-52, tras el retoque de Arroyo– en Madrid, donde controla el Poder (Aguirre) y la Oposición (Gallardón), con Simanquillas y la Trini en el papel de enanos velazqueños para que los cante Umbral. “¡Oh, raza mía, estéril como una mula!”, volvería a quejarse hoy Eugenio Noel, aunque de Noel hablaremos el martes, con la Feria, luego de habernos reído leyendo a Vicent. Los viernes, mientras el buen tiempo aguante, vamos a hablar, madrileñeando, de cosas que levanten el apetito. Abrimos con Casa Sierra, por ser la que más a mano nos coge. Está en Villafranca, 11, por donde en Las Ventas se pone el sol, y atiende Sergio, que es del toro y del Madrid. Se oye un grito épico de Raúl volviendo de poner otra pica en Flandes y, al fondo, colgada, se ve una cabeza de “victorino” de los de perro y escopeta. Lo demás son toreros, antiguos y modernos, y esto le da a la taberna unos fogonazos zurbaranescos a lo “Sol y Sombra” de Sevilla. Hay que comer Ensalada de Feria, la Teta –morcilla, piñones...–, Rabo de Toro, y entre medias, huevos revueltos con patatas y jamón. Y hay que beber... La propia Casa proporciona etiquetas para objetos perdidos con la siguiente leyenda: “En el momento que usted comience a sentir la alegría de vivir y a notar que en este mundo todo es bello y agradable, antes de tomar una copa más, átese esta etiqueta y empiece a gritar... ¡Olé!” La cuenta es cara, y esto puede atraer a más de un progre. Mas nunca hay bolingas de bofetada o injuria. Si acaso, filósofos que predican sermones, formulan sentencias o explanan teorías, como, por ejemplo, la de la defensa de la plaza de Tarifa, porque en la madrugada almenada de Casa Sierra puedes discutir con un Juan Pérez que no es un Pérez cualquiera, sino de los de Guzmán, buen amigo de la Casa, es decir, un Guzmán el Bueno, mientras los benimerines, en la calle, se pegan por Aguirre y Gallardón.