miércoles, 18 de febrero de 2026

Casa Castañares


Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, autor de
Oda a una castaña en el suelo


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Al hilo de “Opá, yo via jasé un corrá” y “Amo a Laura”, por citar a los novísimos de la poesía social española, nos encontramos en Madrid con Castañares, el poeta de los parquímetros. “¿Por qué una canción contra los parquímetros?”, le pregunta el periodismo especializado. “Porque no es justo que los barrios periféricos tengan que pagar por aparcar”, responde Castañares. Y se queda tan terne. Es lo que pasa cuando el poeta es sincero. En esta España lírica, la sinceridad unida al compromiso da una manera de hacer versos que los antiguos llamaban “coger una perra”, que es como se llama al modo de exigir y apremiar del niño. Castañares ha cogido el apremio de los parquímetros, que es coger la perra de lo social. Como antes Celaya, Otero o Lencero, Castañares trata de ser entendido por la masa, yendo de patas al vulgo sin vulgarizarse, reclamando la atención de la mayoría con estilo minoritario. Después de todo, el talento es lo más contrario al igualitarismo de todo cuanto hay. Y un talento verdaderamente prendado de la “perra social” siempre ha de incluir en sus obras guiños a la “enorme bota del cacique”. Castañares se ha encontrado con que en Madrid no hay más “enorme bota del cacique” que la de Gallardón, y puede que la de Cobo, aunque a Gallardón le pegan más los mocasines, y a Cobo, los borceguíes. Ahora, ¿cómo mete uno en una canción “el enorme mocasín del cacique”? Yo creo que, así como Otero daba todos sus versos por un hombre de paz –¿usted cambiaría a Zapatero por todos los versos de Otero?–, Castañares daría todos los suyos por un cacique de verdad. Su canción contra los parquímetros, que es la canción de la denuncia y del dolor humano, se queda coja sin las botas de un cacique. “Las líneas de colores no nos gustan; / las preferimos de blanco”, canta Castañares en un rapto de culteranismo a lo Góngora. Más adelante, inquiere: “¿Para cuándo parquímetros en La Moraleja?” Y esto es un rapto de popularismo a lo Lope. En la “República” de Platón a los poetas como Castañares se los coronaba de laurel y se los expulsaba de la ciudad por perturbadores de orden racional. Pero Castañares no abreva en Platón, sino en Sabina.