martes, 17 de febrero de 2026

Vivir del cuento


Mi Name Is Earl


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El españolejo asiste atónito al espectáculo de una súbdita socialdemócrata del “Estado Social y Democrático de Derecho” haciéndose millonaria en un concurso de TV por saberse el nombre, ¡Earl Morrall!, del MVP de la NFL del 68, cuando todo el mundo estaba en París lanzando adoquines, y la concursante ha agradecido la piñata con un estructurado discurso en defensa de los impuestos digno del Sloterdijk de “La Fiscalidad voluntaria”, ajeno, por tanto, al “No taxation without representation” de los Founding Fathers. El españolejo, que vio la película de John Turturro, habla de tongo, lo que nunca se sospechó de “Ruperta”, la calabaza de Kiko Ledgard en el “1,2,3” de Chicho Ibáñez Serrador.


Los “boomers”, desde luego, se sienten estafados, y se quejan en “X”. ¿Por qué ellos tuvieron que sufrir en el franquismo el Bachiller de don Pedro Sainz Rodríguez, que obligaba a memorizar la lista de los reyes godos, que no daban ni para tabaco, cuando en el sanchismo se ofertan diecisiete Bachilleres autonómicos que invitan a memorizar la lista de los MVP de la NFL, lo cual, en un Régimen de juglares y bufones como el nuestro, permite hacerse millonario en la TV, como Broncano?


Occidente, del que España constituye reserva espiritual, es una civilización que vive del crédito, que es decir del cuento, y el cuento, o el crédito, se acaba. China ordena a los bancos que reduzcan sus tenencias de bonos del Tesoro americano y Trump medita reducir al diez por ciento los intereses de las tarjetas a los “hillbillies” para intentar salvar el naufragio electoral de noviembre. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Pues, como diría Belmonte, degenerando. No se puede pasar impunemente en la Secretaría del Tesoro de Alexander Hamilton, autor del “Primer informe sobre el crédito público”, a Scott Bessent, ex socio de Soros, con quien algún mal rato hiciera pasar a la libra esterlina, y autor del discurso en Davos sobre la deconstrucción de la moneda persa para desatar primaveras de colores.


Talleyrand, ministro de Napoleón, visitó a Hamilton en su despacho de secretario del Tesoro y quedó impresionado por la austeridad del personaje, que, muerto de frío, hacía cuentas (el “excel” de la época) a la luz de una vela. Y escribió:


Considero a Napoleón, Fox [Charles James] y Hamilton los tres hombres más grandes de nuestra época, y si estuviese obligado a elegir entre los tres, daría sin dudarlo el primer lugar a Hamilton. Habría divinizado Europa.


Pero a Europa, en vez de divinizarla, nos la han satanizado. Malos tiempos, pues, para aquellos que no se sepan el nombre de Earl Morrall. Y para los más audaces siempre está la posibilidad de buscar pepitas de oro en el océano de archivos de la Galaxia Epstein, verdadero rostro del Occidente triste, solitario y final. Musk promete pagar la defensa de aquél que dijere la verdad sobre esa especie de boudoir de Sade y fuere demandado por hacerlo.


[Martes, 10 de Febrero]