sábado, 21 de febrero de 2026

La catástrofe



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los devotos de “La leyenda de la ciudad sin nombre”, donde Lee Marvin cantaba aquel himno de los “sin techo” que era “La estrella errante”, siempre hemos paseado por Madrid con el temor de que la tierra removida por Gallardón para sus túneles se abra un día a nuestros pies, y esto sería lo más parecido a un terremoto que los vecinos de este poblachón manchego se pueden hacer. Por eso lo de Haití escapa a nuestra imaginación, que encima se ve desasistida por el nuevo periodismo, que, huérfano de plumas, recurre a la cursilería pasada por el disparate para emocionar –la emoción es lo único que importa– con los flecos de la catástrofe. “Catástrofe humanitaria”, por supuesto. Lo dice todo el mundo, sin pestañear. Y no se trata de que se lean a Peter Sloterdijk, autor de las teorías más sugestivas sobre el concepto de catástrofe; nos contentaríamos con que no convirtieran los telediarios en una subasta de muertos en la lonja del pescado. Eso lo hacía Julio Camba en la guerra turca, pero en protesta porque no le llegaba el cheque del periódico. ¿Que no tenía dinero? Quitaba un cero a la cifra oficial de muertos, y su periódico perdía en interés y en ventas. ¿Que aparecía el cartero con el giro telegráfico? Añadía un cero a la cifra oficial de muertos, y su periódico se disparaba en interés y en ventas. Camba, en fin, inventó la forma de engañar al algoritmo de Google mucho antes de que existieran Google y, si me apuran, el algoritmo. La gente circula en los taxis que llevan la radio puesta con el corazón encogido: los funcionarios de la Onu cuentan cientos de miles de muertos, mientras que los funcionarios del gobierno haitiano los cuentan por decenas de miles, y entre todos contribuyen con su juego al mismo efecto mental que causara la inflación alemana, que hizo posible que todo disparate pasara por cosa corriente. Y lo peor no ha comenzado aún: toda la literatura de progreso sobre la injusticia poética que supone la coincidencia de la desgracia con la pobreza.