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viernes, 8 de junio de 2018

Los Sánchez

Árbitro'70


Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Confieso que estoy en fuera de juego. En un fuera de juego como el que llamábamos “flagrante” en los 70 y reprochábamos a los Sánchez de entonces; Ibáñez por Extremadura, Ríos por las Andalucías y Arminio por Santander, que todavía era Castilla, por escandalizarnos en la Moviola de los lunes. Los Sánchez de entonces eran árbitros de primera, y un servidor, que en vida aún de Franco andaba en la peligrosa edad de la adolescencia, se atrevió, sin que se conociera la democracia ,a reprocharle a Sánchez Arminio en las galerías de la Calle Vitoria, mientras vendía mayonesa, el gol que no vio de Juanito al Baracaldo, uno de los episodios más dolorosos que he vivido en un campo de fútbol. Por supuesto que el hombre no me hizo caso, pero hace unos años tuve ocasión de recordarle el incidente :  “...yo estaba justo detrás, porque los socios infantiles de fondo estábamos a la puerta antes de que abrieran para coger sitio pegado a la valla de los anuncios justo detrás de la portería. El balón rebotó en la escuadra de la barra que sujetaba las porterías. No. Entonces aún no había vallas..” y nos pasamos una tarde hablando de la peripecia junto al linier de aquella tarde. “...Nos sacó la Guardia Civil a Sotopalacios después de las doce de la noche”.


Fauna en el balcón

     En los 70 no se conocía la democracia y eran obreros y catequistas con barba -de las mujeres sólo recuerdo a la esposa de Julián, que creo se llamaba Raquel- los que nos dejaban libros para aprender teoría política y saber de organizaciones y sistemas incontaminados de los perniciosos males del capitalismo. El tiempo, a mí al menos, me enseñó que no. Que casi todo lo que vemos no es como nos parece y nos cuentan y creo que son legión los adolescentes setenteros más desengañados que sorprendidos ante las modas políticas gestadas durante estos cuarenta años en los que hemos “salido con la familia adelante”.

     Los nuevos Sánchez han inventado una democracia que ni habíamos estudiado, ni habíamos leído, ni habíamos imaginado y durante estas cuatro décadas han ido convenciendo a los hijos y los hijos de los hijos de los contribuyentes de la importancia de un partido bisagra nacionalista en la prosperidad de la nación. A los que renegamos del paripé de las votaciones en España se nos reprocha falta de responsabilidad, insolidaridad y  nos acusan de antisistema, categoría de la que nos han borrado desde que los destructores de las instituciones enseñan en las universidades (creo que más por amistad con la casta decisoria que por oposición)  votan y hasta  gobiernan.
      
A mí esto de que gobierne “gente” a la que ni se vota, y lo que es peor no representa a los ciudadanos ya digo que no me sorprende porque ha sido así durante cuarenta años. ¿O han sido ochenta? A mí lo que me hastía es que una “gastosa” como la señora Carmen Calvo sea la persona más poderosa del país y pueda derrochar con alegría los dineros que los veteranos contribuyentes a punto de la jubilación como quien suscribe, llevan aportando al erario público desde que se empezara a definir ¡¡oh, la Transición!! el curioso y extravagante sistema democrático. Impagables los servicios de las cadenas 3, 4, 5 y  6 para idiotizar a un respetable encantado de ser tiranizado en todos los campos. Sobre todos y escandalosamente en el de la libertad de expresión. Imagino que los Sánchez, gozosamente feminizados en la corrección política, se lo agradecerán.
      
Para reconfortar el espíritu he decidido subir a Burgos, de donde ya no salen ministros, para ver a la madre y los hermanos y mi chico abrace a la abuela y los tíos, responsabilidades familiares todas ellas poco gratas a los gustos democráticos de hogaño. Me acercaré a la Cartuja, donde da gusto callar.