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martes, 5 de junio de 2018

Estupor

María Soraya en el Toni 2


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando Monedero toma por los hombros a María Soraya con el paternalismo que el padre Damián tomaba a los leprosos de Molokai, o con el de Miguel Muñoz al instruir a Eloy sobre cómo rematar los balones altos en una situación desesperada de México’86, María Soraya, con el estupor del cesante en sus ojos de Eric Idle (Monty Python), musita:

Es la democracia.
Pero la democracia (principio representativo en la sociedad política, principio electivo en el gobierno y principio divisorio del poder en el Estado) es una cosa que no conoce, ni (a este paso) conocerá, María Soraya.

A Hitler no lo llevó al poder la democracia, como repiten los sandios, sino el Estado de Partidos de un país donde también la democracia está por estrenarse. Es decir, el mismo modelo constitucional que ha llevado al poder a Pedro Sánchez, que prometió su cargo sin Biblia porque es incapaz de hallar una oración en ella.
El poder es la fuerza que permite obligar a otros, mientras que la autoridad es el derecho a mandar –aclara Maritain, el neoescolástico de cabecera de Peces Barba.
Una democracia sin voz ni voto, como se malicia, aunque todavía poco, el tenista Nadal. En una palabra: el consenso, cuyo ideólogo supremo en España es Gonzalo Fernández de la Mora, que lo proclama como “factor de permanencia y sostenimiento”:

Algunos querrían que se tomase la Bastilla todas las tardes.
Que así es como los capos del consenso llaman a las “ganas de votar” de los contribuyentes, a quienes se les escatima incluso el voto en un sistema electoral que ya a Óscar Alzaga le parecía “original y maquiavélico”, pues se urdió para que Suárez (y quien viniera) obtuviera, con nada, una mayoría.
Aquí no va a votar ni El Tato porque el consenso de Sánchez para salvar el Régimen incluye a Mariano, a quien le cabe el Estado, no en la cabeza de Fraga, sino en el bolso de María Soraya, y por eso al verlos con el “Estado de derecho” en la boca producen el mismo estupor que Antonio Ozores con un sostén en la mano.