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viernes, 22 de junio de 2018

Argentina y las críticas


Messi

Hughes
Abc

Ayer, mientras sonaba el himno, Messi se pasaba la mano por la frente. Era el gesto de alguien en una sala de espera o antes de un examen. Sonaba el himno y estaba preocupado. El primer enemigo de Messi y Argentina ha sido la presión, una exigencia histórica.

Unas horas después del partido contra Islandia, Di María publicó un mensaje con tono de autoayuda sobre su superación de las críticas recibidas. Di María no fue criticado, fue acusado como uno de los responsables del empate.

Ya lo había hecho Higuaín: desahogarse en una red social. En una entrevista no mucho antes del Mundial habló con amargura de las críticas. «Metes 300 goles y te recordarán por los que fallaste». Habló del futbolista como algo «descartable». El desengaño impresionó al entrevistador: «¿Quién te lastimó asi?». No lo dijo, pero las críticas de su país tenían mucho que ver. Tres estampas de Messi, Higuaín y Di María, las estrellas de Argentina, convertidas en ejemplos de aflicción.

Antes del partido contra Croacia, la prensa detectaba un reconocible ambiente de temor en la concentración. Un miedo que a algunos les recordaba a las vísperas del partido contra Ecuador en el que Argentina se jugaba la clasificación al Mundial de Rusia. Una tensión similar. Desactivar ese miedo fue desde el principio el objetivo de Sampaoli, para quien el fútbol no es cosa ya del mejor sino del menos atemorizado. El seleccionador ha recibido unas críticas implacables. No se libró ni su aspecto. Desde los pantalones pitillos hasta sus confusas explicaciones. Eso sin entrar en el fútbol.

En las críticas no encontró corporativismo, ni la solidaridad de los profesionales. Maradona dijo que Sampaoli no podía volver a Argentina, y que no vio ni una jugada preparada. Parecidas críticas hizo Ruggeri: «Lo mejor ya sería hacer charlas al grupo. Aquí no hay tiempo de preparar nada». Batistuta expresó algo parecido: «Sólo he visto jugadas individuales, ningún concepto de equipo».

Para Kempes, el miedo lo tuvo Sampaoli. El técnico deslizó que al elegir el once no había satisfecho sus gustos futbolísticos sino una cierta idea de deber. Se había traicionado y de ahí las dudas. Kempes, ante la paralización de jugadores y entrenador, dio en el clavo: «Lo mejor que le podía ocurrir a Argentina es no ser favorita».

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