Follow by Email

viernes, 29 de junio de 2018

A octavos

Yerry  Mina, 23 años
La gigantesca alegría que el Barça quiere vender


Francisco Javier Gómez Izquierdo

   Los socios de mi peña cordobesista, la del Parque Azahara, nos pusimos a cenar después de caer la Nigeria de Musa e Ighalo -uno de los nuestros ha sido muchos años abonado del Granada- ante ese buque fantasma que es Argentina. Quedan para estudio de estrelleros y nigrománticos los dos goles argentinos marcados por dos zurdos empedernidos, sobre todo Rojo, con la derecha. Entre  el lomo y la carrillada me atreví  a pronosticar que México con seis puntos no iba a pasar, mientras que Messi y sus compis lo hacían con sólo cuatro. “¿Cómo va a ganar Suecia a México?” saltaron creo que Felipe y Rafa Dorado, este Rafa el mejor ejemplo que puede haber de cordobita-cordobita, siempre ocupado en las mejores señas de identidad de una ciudad paralizada por munícipes sin preocupaciones importantes. “Porque Suecia es el mejor equipo-equipo del grupo y su entrenador aún se está lamentando de no haberse parado a estudiar medio minuto lo que tendría que haber hecho en el último cuarto de hora ante Alemania contra la que nunca debió perder”.
     
Sí. Me maliciaba  a México fuera porque no me cabía que Alemania cayera ante el honor de Corea... pero cayó. Con suspense y a punto de que el VAR, ese condón que le han puesto al fútbol, anulara el primer gol de Kim. Estuvo bien el VAR y mucho mejor Son, el 7 coreano que desde el Tottenham y en permanente progresión amenaza con ser uno de esos delanteros inquietos por el que pujarán los grandes de Europa en menos de dos años si tiene la fortuna de librarse de la mili, obligación muy seria en su país. Particularmente, a mí México, salvo Héctor Herrera, que sostiene al equipo, y la fresca aparición de Lozano, no me ha dicho gran cosa, pero no parecía justo que con dos partidos ganados no pasara, por lo que el guionista del Mundial, del que hablamos ayer, dispuso la sorpresiva y lenta muerte de una Alemania aquejada de melancolía y agrietada por una decadencia como de heroína tuberculosa y romántica. Ha caído con cierta elegancia pero empujada por el soplar quizás envidioso de todos los aficionados del mundo. Era una de mis favoritas. La que más junto a Brasil que va resolviendo sus problemas con la capacidad que se le supone y con la necesaria suerte que casi siempre acompaña a un equipo del que todos somos un poco. Los hombres de Tite sufrieron ante Suiza, tábano molesto que se las verá con la ordenada colmena sueca y que con la eliminación alemana deja el lado del cuadro en el que ha caído España, pongamos como dicen los entendidos,  “asequible”.

     Si España, nuestro equipo, puede con Rusia -no es uno de los trabajos de Hércules- nos encontraremos salvo mayúscula sorpresa con Croacia, una de las candidatas por las maneras mostradas en la primera fase a llevarse el título. En esos previsibles cuartos sería el momento de dar el do de pecho y presentar candidatura, mirando de reojo cómo se despellejan suecos contra suizos y colombianos contra ingleses tras el afortunado pase a octavos de los cafeteros con el tremendo Yerry Mina que debió nacer en 17 de mayo día del alegre San Pascual Bailón y no el 23 de septiembre, el de San Lino, sucesor de San Pedro que puso pañuelo a las señoras. Colombia nos ha parecido inferior a Inglaterra, selección que ha ventilado sus asuntos con Bélgica con una diplomacia bajo mínimos. Se han visto las caras los pajes en vez de los caballeros pero hasta en el plan B de ambas se esconden talentos de mucho cuidado. El Januzaj mismo que no acaba de romper en la Real. El segundo puesto era preferible al primero en el grupo H y eso que Japón, como Dinamarca y... sí, también Rusia, parten como víctimas propicias en los octavos de este apasionante Mundial.