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jueves, 22 de enero de 2015

Pillos y villanos

Cómic de Carlos Gómez

Francisco Javier Gómez Izquierdo

A principios de los 70, en Gamonal, Don Antonio tenía una tienda de chucherías a la entrada de la Barriada de la Inmaculada donde las personas mayores cambiaban novelas de Marcial Lafuente Estefanía y nosotros tebeos -en los 70 no sabíamos decir cómic-  del Capitán Trueno, el  Jabato y el sargento Gorila.  Los que vinimos de los pueblos nos inclinábamos por estos valientes nacionales, mientras los nacidos en Burgos capital se separaban de nuestro catetismo y preferían a los héroes americanos y sobre todos ellos a Spiderman. A mi hermano, que luego demostró ser el más exquisito entre estos fogones, le tiraba mucho el teniente Bluberry.
     
Con el tiempo, comprendí que mi poca afición a los comics americanos venía de las malas traducciones y lo incómodo que me resultaba, a pesar de  mis pocos años, que a los malos, el Capitán América y el Hombre Araña los llamaran pillos y villanos. “Los pillos están en el edificio....” y  un dedo de Los Vengadores señalaba un rascacielos incomprensible de 50 pisos; “¡Atraparemos al villano”, prometía un Spiderman alejadísimo de mis gustos.  Para mí, un pillo no era perseguible y los villanos venían de villa.

      Con aquellas lecturas de las que voluntariamente me abstuve me pasa como con ese periodismo charlatán del que estamos imposibilitados de ignorar: que no le veo la gracia. Quien menos te lo esperas te salta con la última ocurrencia de un tertuliano y si el lumbreras en la tele dice que a los seis meses se debe conceder el tercer grado penitenciario, lo que de verdad quiere que se entienda es que el preso ó la presa es un pillo ¿ó una pilla, doña Rosa Aguilar?, no de la Marvel, si no de la tradición picaresca española, entendida la vida en el siglo XXI, como una graciosa novela del XVII. Que a un condenado a siete meses se le concede el tercer grado a los dos, y el hablador de la radio trata de vergüenza judicial y por supuesto gubernativa tamaña resolución, un circunstancial vecino en la barra del café le contará al camarero los riles que demostró el periodista, el abogado, el actor, el sindicalista o cualquier charlapuñaos de nuestra época. Éste es el villano del siglo con el terrible significado que la palabra ha ido adquiriendo con la edad.

    El último pillo es el profesor Monedero, que ganó 400.000 euros -eso he oído- en dos meses él solito y sin ayuda de nadie por idear una moneda a la que tasó como si fuera Venus de Millo... y el último villano el tesorero Bárcenas, que para evitar el escándalo de ponerle en libertad provisional por abuso de la prisión preventiva le han señalado una fianza “ridícula” tras un posible pacto con el resto de villanos.

      Cuando a Ud. le acusen  de algo -ahora le van a poder detener sin que usted sepa por qué- rece porque le clasifiquen en la categoría de pillos. Le aconsejo carné acreditativo; si es de Podemos mejor que mejor.