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viernes, 16 de enero de 2015

Burricie

Beatriz Manjón
Abc

Toda necedad es susceptible de superarse. Ahí tienen a Willy Toledo. A Girolamo Gastaldi escribió Voltaire: «Es una lástima que las personas que piensan anden dispersas, mientras los tontos están juntos y en tropel». Pero para la televisión es lo rentable. Frente a una recua de ignorantes, se siente el espectador superior, acomodado en una autocomplacencia adictiva. En «Quién quiere casarse con mi hijo» (Cuatro), que ha estrenado temporada con un 13,7%, se dijo: «¿Eres monárquico? Soy neutro, no voto»; «Me considero clasista, me da fobia la pobreza»; «Estoy estudiando para ambulancias» –faltóle el ninonino–. El perfil televisivo de moda lo resume un diálogo entre pretendientes: «¿De cultura? Escasito». Y todos reímos, como ríen todos en «Viaje a la Alcarria» cuando al mendigo que recoge colillas le dan una bofetada en vez del pitillo prometido. Lo bueno –o no–, es que aquí se está dispuesto a la bofetada a cambio de dinero o fama, exagerando, si es preciso, la burricie. Al formato hay que alabarle montaje, guión y casting: uno que busca un «putón familiar», una virgen que lee «50 sombras de Grey» –lo segundo es peor que lo primero–, el que pinta con sangre..., un freak show que ni Ryan Murphy. En «Hable con ellas», calcularon el coeficiente intelectual de la ganadora de «Gran Hermano». Igualó el de Belén Esteban en una suerte de ranking de rubiedad. Lo suyo sería haber hecho uno de Chunguitos –y sin diminutivo–, que han soltado en «GH Vip» que prefieren un hijo deforme antes que homosexual. Para algo que se les entiende… La libertad de expresión también es esto, un «sui…cide».