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sábado, 11 de julio de 2020

Nadia


Massiel'68 en brazos del Dúo Dinámico

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La sensibilidad nacional perdió pie con el confinamiento. La sociedad que aplaudía en los balcones nunca exigió un minuto de silencio (“padrenuestro de la nada”) por los tráiler de la muerte que de noche llegaban a los hospitales para llevarse los cadáveres.

    –Sin cadáver, no hay crimen –se diría el gobierno, que escondió los muertos como el alcalde de Madrid esconde los crucifijos o el nombre de Plácido.
    
El Régimen ha amanecido con un Orinoco triste paseándose por sus ojos porque la hija de Calviño ha perdido la hucha del Domund que le habían prometido la führeresa y su botones Sacarino. ¡Con todo el prestigio de Nadia, la experta que vio que la influencia de la “influenza” china en la economía española “no será significativa”! Y la propaganda del Régimen se ha desatado como en los mejores días de Eurovisión, cuando Mónaco nos traicionaba y Franco tenía que comprar (eso decía Íñigo) el triunfo-lalalá de Massiel.
    
Esto nos pasa por poner a pedir dinero a la hija de Calviño en vez de al hijo de su jefe, Pincho Guerra, que también andará por Bruselas. Pidiendo dinero, Nadia sería como aquella condesa que citó a Ruano en un café para extraerle mil pesetas.

    –¿Puedo valer para usted eso?

    Para un periodista, mil pesetas del año 32 eran muchas pesetas: “Exactamente las que me entregaba mensualmente ABC, adonde fui por ellas, porque jamás he tenido yo dinero ahorrado”.
    
–¿Y le da usted lo que gana a la primera desconocida que se lo pide? –quiso saber la condesa.
    –Supongo que nadie pide un dinero por gusto. Yo por lo menos nunca que necesité pedirlo lo pasé muy bien…

    
Luego las cosas se complicaron. La condesa estaba enamorada del periodista. Estaban hablando de un libro de Ortega y ella se echaba a llorar, “porque no me parece que con una mujer que guste se hable de Ortega y Gasset”. La condesa se chivó al conde, que desafió al periodista a un duelo.
    Con Europa, como con la bohemia, la injusticia es la misma: se cuenta lo que se pide y se calla lo que se da.