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lunes, 20 de julio de 2020

En la muerte de Biri-Biri


 
Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
Cuando Biri-Biri llegó a España, el Burgos era como el Sevilla, puntero en 2ª y valiente en 1ª. El Sevilla ascendió un año antes que nosotros. A Biri-Biri lo acompañaban Paco, Jaén, Espárrago, Lora, Fleitas... peloteros de más categoría que la que representaban. La temporada siguiente en El Plantío brillaron Juanito, Viteri, Manzanedo, Kresic... unos fenómenos que me hicieron feliz.  Cuando nos reencontramos en Primera,  el Sevilla ya se había asentado entre la exquisitez con Scotta (los escotazos), Montero (¡cuánta elegancia!), Julián Rubio, Sánchez Barrios... pero aún así podíamos con ellos en El Plantío.
      
Allá, a mediados de los 70, sabíamos Geografía, los cabos de España y las capitales del mundo, pero nos costaba colocar bien países como Benín, Togo, el Alto Volta, país que una noche tuve que demostrar que existía y no me creyeron, y sobre todo Gambia, de la que nada sabíamos y a la que desde la llegada de Biri- Biri llamamos la Sonrisa del Senegal. Biri-Biri no era brillante, pero es cierto que destacaba en todo y se me escapa la espontánea devoción que asaltó al sevillismo para convertir a aquel jugador en criatura de culto. Hace poco estuvo por aquí y emociona hoy ver el canto de los fieles de su peña (la más conocida de todo el sevillismo) rodeando al ídolo con ese ritmo de “con el Biri, Biri, Biri, con el Biri, Biri, va”, haciendo del verbo ir un bar que no sabe uno si con la que cae, cabe también el Var.  No sé si una ciudad, mejor una afición de fútbol, ha dado tanto como dio Sevilla a Biri-Biri . Sólo se me ocurre George Weah, pero éste anduvo por muchas capitales: Manchester, Milán,  Marsella...  Biri Biri no cambió de colores -venía para el Betis y un palangana lo convenció en el avión de que fichara por el Sevilla- y cuentan que una tarde lo sacaron a hombros del Sánchez Pizjuán como a los toreros, y desde entonces se hizo santo en Sevilla y celebridad en Gambia. Ante semejante reconocimiento en Europa le hicieron ministro y luego alcalde en su país. Le nombraron el mejor futbolista del milenio y supongo que cuando cayeron que hace mil años no se jugaba al fútbol, lo cambiaron por el mejor de la Historia de Gambia.
     
Biri-Biri, al que, ya digo, hace poco me alegré de ver por televisión -contra la Real Sociedad creo que estuvo en Sevilla- hecho un mozo de aspecto y ánimo (sólo tenía diez años más que un servidor) murió ayer durante, al parecer, una operación. Es uno de esos peloteros antiguos al que me hubiera gustado escuchar su opinión del VAR. A él quizás le hubiera ido mucho mejor con el invento -“...Benito y Goicoechea daban mucha leña”, confesó en esta última visita que refiero-, pero no creo que le gusten esos penaltys rigurosos y esos fuera de juego milimétricos que tanto entusiasman a los defensores del invento televisivo. Biri-Biri se escandalizaría con lo que pasó ayer en Valencia con el Getafe ó con el gol anulado al Español tras la novísima norma que elimina el demoledor concepto reglamentario de que el árbitro es un poste. Dicen que semejante principio se ha cambiado para bien... ¡Ya, ya...!  Seguro que Biri-Biri se echó las manos a la cabeza cuando en el Sánchez Pizjuán, hace “ná”, se pitó un penalty contra el Valladolid que costó dos puntos a los pucelanos por una mano tan involuntaria como la de ayer de Jovic en el área del Madrid y que hubiera podido suponer el 3-2 salvador  para un Leganés que ha hecho lo imposible por mantenerse en Primera.
   
¡No! ¡Quizás no! Quizás Biri Biri se ha ido al otro mundo aborreciendo un juego que no es al que él jugaba. Descanse en paz y mis condolencias para el sevillismo.