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martes, 7 de julio de 2020

El plan



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Galeuzka, impasible, avanza.
    
Pajita a pajita los amantes hicieron su nido. Consenso a consenso la nación española labra (se la labran, porque ella está fuera del sistema) su ruina. La Europa de las regiones, lo llaman, una estructura oligárquica de partidos prebendarios financiados con fondos públicos. Es la Europa que ahora impone, para soltar el cheque, el abandono de Pablemos, oh, justicia poética, en una gasolinera, como se hacía en agosto con los yayos.
    
La clase económicamente relevante, convertida por la situación prerrevolucionaria en clase reinante, promociona para la gestión del “derecho de no oponerse” (¡la Trinidad del Estado de Partidos!) a nuevos teólogos del consenso, los Almeida y los Bal, con la garantía de la abogacía del Estado. ¡Nunca un Estado tuvo más abogados ni estuvo menos defendido! Tampoco lo necesita: como dijo Marx de Alemania, no es el pueblo español el que posee un Estado, sino que es el Estado el que posee al pueblo español.
    
–¡El Estado es Dios! –dijo Lassalle (Ferdinand, no Josemari), fundador de la socialdemocracia.

    Y su teología es el consenso.

    ¿Y el plan? Pues el plan es, desde el 78, hacernos pajita a pajita el nido federal (la “nación de naciones”) de Carretero, el socialista segoviano cuyo truño sobre las nacionalidades inspiró a Modesto Fraile (¡centrista!) hacer de Casa Cándido una nación.
    
Fuera de Galeauzka, cada adosado será un hogar (el hogar es un nido, dice Santayana, algo incompleto sin un huevo que empollar), y cada urbanización, un nido de nidos, es decir, una nación carreterista. No pienso oponerme por la fuerza a tal paisaje. De hecho, no me molesta que cada urbanización aspire a constituirse en nación; lo que me molesta es que para financiar su sueño se constituya en garrapata en ingle ajena, cual es el sistema español, esa rumba bailada alrededor de un jamón. En lo que me toca, sólo reconoceré en España las dos naciones que Disraeli reconoció en Gran Bretaña: una de los ricos y otra de los pobres.