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sábado, 18 de julio de 2020

Monarquismo

 Maurice Duverger




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Mi monarquismo es un mero cálculo de probabilidades: históricamente, en España, con la Monarquía siempre se puede ser republicano, pero con la República nunca te dejan ser monárquico, y uno es de llevar la contraria.

    –Yo lo veo muy sencillo –dice Umbral que dijo Barreiros, el camionero, allá por el 74–. El Rey sucederá a Franco. Todo seguirá igual y aquí habrá una apertura con dos partidos: la derecha, que serán los requetés, y la izquierda, que será la Falange.
    
Acertó con los falangistas, que sólo tuvieron que cambiar el bigotillo de hormigas procesionales por la barbita de senderistas del krausismo. En lo de los requetés, si miramos a Casado y a Teo, se pasó de frenada Barreiros.
    
Mas aquí estamos, otra vez con la burra en el trigo, como en la mañana del 29 de enero de 1930, cuando la prensa liberalia abrió el proceso de la Monarquía, que es el de la Nación.

    –Seríais la guerra civil, si no fueseis la impotencia –había increpado, visionario, Maura a los republicanos en la cabecera del banco azul.
    
Porque la Monarquía no es un partido: es la Nación, ambos dejados de la mano de Dios en la Carta otorgada del 78, donde la derecha se hizo un ovillo con el nacionalismo. El pueblo más nacionalista de la tierra es el inglés, que aún está por dar un gobierno fascista. “La república de Cromwell fracasó porque el ‘common law’ sobrevivió”, leemos en el “Sir Matthew Hale”. Pero ¿a quién le cuenta uno esto? ¿A Maroto?
    
A la cuestión Monarquía o República, Robespierre respondió como Franco: “¡Instituciones!” Y uno fantasea con la única solución nunca probada: la Monarquía presidencialista, solución que “habría hecho soñar a Benjamin Constant”, según le dijo Maurice Duverger al conde de Barcelona, que le planteó el proyecto constitucional de nuestro más ingenioso pensador político.

    –Una Monarquía presidencialista es democrática. Una República parlamentaria es oligárquica.
    
Pues no es la Monarquía o la República, sino la democracia, es decir, la forma de Gobierno.