lunes, 9 de marzo de 2020

Síntomas


Borja Jiménez. Cartagena

Tello. Betis
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Tras el Madrid-Barça y el no va más de ViniciusMariano decía un servidor, agorero impertinente, que los dos grandes iban a perder mas de un partido. No pensaba uno que la cosa iba a ser tan rápida, pero en la jornada de ayer al Barça lo salvó ese VAR del que al parecer tenemos que aprender aún sus particularidades. Ayer en El Arcángel, Pepe, acérrimo defensor del invento, me lo aclaró, tras exponerle el chirigoteo del Atleti-Sevilla y la involuntariedad del defensa Le Normand en Barcelona.
        
-El VAR tiene sus particularidades que  tú no quieres entender –dicen Pepe y el presi de mi peña, convencidos de las bondades del sistema.
          
El presi siempre me machaca con aquella mano de Henry que dejó fuera a Irlanda. Fue de verdad escandalosa, sin duda, pero por más que le intento convencer que esa tramposa mano, como la de Maradona, ha quedado en la historia de las grandes polémicas arbitrales que engrandecen -sí, engrandecen- y dan vida al fútbol, no consigo convencerlo. La mano izquierda de Henry, voluntaria y sancionable, se tiene con razón como error inadmisible, y al abrigo de las manos antiguas no señaladas, el VAR se chiva de involuntariedades que no caben en cabeza de aficionado con trienios. 

La mano de Henry fue en París y en la prórroga que decidía acudir a Suráfrica. Quizás la Fifa no podía permitirse la ausencia de la Francia de Platini -creo que compensó con muchos euros el daño moral causado a cambio de que los irlandeses no presentaran denuncia- y quizás siga ocurriendo lo mismo y haya que convertir en penalty las manos involuntarias que visitan el Camp Nou o el Bernabéu. Supongo que esa tendencia arbitral española, personalmente creo que más medrosa con el poderoso que fraudulenta, se corrija y los colegiados se sumen al objetivo criterio de la voluntariedad de la mayoría de sus colegas europeos.
       
Ganó el Barça a la Real sin merecerlo y perdió el Madrid en Sevilla sin contemplaciones y sin el mínimo reproche al árbitro o al VAR. Creo que ni mi cuñado Paco, para el que todo es un robo continuo contra el Madrid, tiene nada que decir de los alardes geniales de Fekir, quizás el mejor futbolista que ha llegado este año a la Liga; la clase y elegancia de Canales, el salero de Joaquín o ¡vaya por Dios!, la velocidad del reserva Tello, del que no hace mucho contaba aquí un servidor cuánto me impresionó en sus comienzos.
        
¿Es achacable la derrota merengue sólo a virtudes béticas? Suponemos que no. Entre virtudes, más valiosas y con más títulos y masters las de la plantilla merengue, pero es más que evidente que alguno de los virtuosos anda confundido en las tareas y despistado con sus facultades con lo que se producen boquetes en defensa de imposible reparación y demoledoras consecuencias. Zidane, con ganar la Copa de Europa, está cumplido.
      
Como el domingo pasado, repetí sensaciones ante el Madrid al que miré con ojos apesadumbrados pues volví de El Arcángel con escandalosos  y tristes síntomas de decadencia. Perdemos porque el contrario es mejor y ni siquiera nos queda el consuelo de un mal arbitraje. Ayer 0-2 con el Cartagena al que se le fue  el entrenador Gustavo Munúa al Peñarol de Montevideo y ahora es dirigido por Borja Jiménez, al que elogiamos aquí no hace mucho por ser el míster que ascendió el año pasado al Mirandés. El Cartagena es líder en nuestro grupo IV y candidato por méritos para alcanzar la 2ª. Con Borja Jiménez es más que una posibilidad.