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domingo, 15 de marzo de 2020

¿Y el trabajador?


Boris Johnson


Hughes
Abc

Sin pretender romper la unidad contra el virus, es inevitable manifestar cierta perplejidad tras leer el decreto que declara el Estado de alarma (estado de alarma mejorando lo presente, porque veníamos ya como poco del estado de estupefacción).

El Real Decreto 463/2020 limita la libertad de circulación de las personas. Sólo podrán circular por las vías de uso público para la realización de una serie de actividades, entre ellas el “desplazamiento al lugar de trabajo para efectuar su prestación laboral, profesional o empresarial”. Después, en artículo siguientes, se suspenden (art.11) museos, bibliotecas, espectáculos públicos y (art.10) la apertura al público del comercio minorista salvo en casos excepcionales bien conocidos, desde las farmacias hasta las gasolineras pasando por la alimentación y la primera necesidad.

Viendo esto, queda claro que se suprimen algunas actividades lúdico-deportivas y las comerciales minoristas, pero ¿y el resto?

El resto, no.

La persona sólo podrá ir por la vía pública para ir a trabajar, porque, claro está, ha de ir a trabajar. Esto hace que con la letra del Real Decreto en la mano, un empresario pueda exigir la misma o parecida actividad profesional, ya que nada se dice allí del teletrabajo. Según Cinco Días, un borrador previo del decreto contenía una previsión distinta: “Medidas de contención en el ámbito laboral. Los empleadores, tanto públicos como privados, estarán obligados a facilitar medidas que permitan la prestación laboral o funcionarial de los empleados por medios no presenciales siempre que ello sea posible”.

Pero esto no se encuentra en el texto (la palabra “laboral” sólo aparece una vez), de modo que si el espíritu de la norma es meter a todo el mundo en casa, como dijo el presidente, la letra dice algo menos claro. El Real Decreto no es contundente ni preciso en esto, y podría dejar al trabajador en una situación de debilidad esta misma semana. Serán mayoría las empresas que respeten el sentido de la norma (lo vienen aplicando desde antes) y que por su propia seguridad y la de sus empleados habiliten el teletrabajo, pero puede haber otras que no lo hagan o lo hagan de forma insuficiente. En algunas pequeñas empresas, se va sabiendo, el estado de alarma acabará siendo las vacaciones del empleado, y en otras no hay una completa seguridad de que el trabajador se quede en casa. Puede haber un tira y afloja sobre qué realizar allí o en el centro de trabajo, y el jefe podría acogerse claramente al Real Decreto y su “desplazarse para ir a trabajar”.

Porque en cumplimiento estricto de esta norma, una persona puede coger el coche por la mañana, llenar el depósito, irse al trabajo, salir, hacer la compra y volver a casa como en un día cualquiera. La única diferencia es que no habrá gimnasio ni fútbol (podrá hacer en su lugar unas sentadillas en el salón según una serie diseñada solidariamente por algún monitor fitness altruista con cuenta en redes sociales).

El decreto paraliza mucha actividad, pero otra no. Lo que hace es quitarle a la persona la libertad del ocio, pero en la estricta letra del texto, el español se convierte en el mismo ser que ha de ir del trabajo a casa y de casa al trabajo, sólo que sin desviarse.

El decreto se antoja impreciso y no del todo rotundo para el objetivo de distanciamiento social. Los Expertos, en su “expertez” y superior conocimiento, se pronuciarán. Es evidente que se busca no paralizar la economía, pero hay un conflicto entre objetivos que no se ha hecho explícito. Actividad o aislamiento total. Inglaterra o China. Gustará o no la opción inglesa, pero allí el peso de la audacia recae en Boris Johnson y su apuesta por no parar el país, aquí se advierte ambivalencia e imprecisión entre líneas.

Porque dos cosas inquietan. Una es la efectividad real de la medida, si en esos centros de trabajo puede haber focos de contagio, y otra es que pueda darse el caso de que sea el trabajador quien tenga que reclamar el cumplimiento del espíritu del decreto, y que para hacerlo esté indefenso. Para protegerse y protegernos del coronavirus, el trabajador tendrá que hablar antes con el jefe. En refuerzo de su seguridad (que es la de todos) debería poder encontrar algo más en el texto.