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viernes, 27 de marzo de 2020

Sombras

Barras, príncipe de la corrupción europea


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A España no la dobla la peste, sino la corrupción, única explicación de los estragos del virus chino.

    La corrupción hace en esta historia el papel que hacía el miedo en el cuento árabe del rey que condescendió a que la peste entrara a su ciudad para llevarse cuatro mil almas, con una condición: “Está bien. Pero sólo cuatro mil. De haber más muertos, te mato.” Desde una torre el rey iba contando los cadáveres, que excedieron en mucho la cifra convenida. Furioso, le reprochó haber matado a cuarenta mil. Antes de ser decapitada, la Peste aclaró: “Yo sólo me he llevado a cuatro mil, como prometí; a los demás, los mató el Miedo”.

    La oposición política (es una forma de hablar) se justifica con que hablará, pero cuando esto pase…

    –Cuando tú te hayas ido / Me envolverán las sombras
    
Una de las consecuencias del partidismo de Estado es la infantilización en la forma de percibir el poder. Engañan (y se engañan) quienes anuncian exigencia de responsabilidades “cuando esto pase”. La Historia los desmiente. Ahí está el Directorio de Barras a la salida del Terror (sustituido por la Corrupción) de Robespierre, o los locos años 20 en Europa a la salida de la Gran Guerra, o la Transición española a la salida del franquismo…
    
La diputación era procurada como una posición para llegar a la fortuna, no a la gloria –escribe Barras–. Las ideas morales cedían a las ideas materiales. El siglo era positivo: “La pobreza es una idiotez; la virtud, una torpeza; y todo principio, un simple expediente”…
    
“Cuando todo esto pase”, habrá un gran carnaval, que esto es el continente europeo, para que los supervivientes den salida a la alegría y a las ganas de vivir. Todos contra el diablo Robespierre y su cola viviente, que ahora es el virus chino. Y los jetáceos progres volverán a desplazar de las cortes, de los restaurantes y de las calles a los cursis pequeño-burgueses del “cuando esto pase”. La pasión del miedo a la muerte liberándose con su contraria, la del disfrute de la vida.