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viernes, 20 de marzo de 2020

Test, test, test

 
 
 
Hughes
Abc
 
Se elogia mucho el modelo chino de bloqueo y control, y menos a Corea del Sur, que no cerró ciudades enteras y sofocó la epidemia de coronavirus mediante test masivos y un sistema de rastreo del infectado y sus contactos a través de una app. Un control poblacional selectivo y un aislamiento vigilado y sujeto a trazabilidad.

Esta capacidad de los coreanos se explica por una experiencia previa. En 2015, un empresario contrajo el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio y al regresar a Corea estuvo en tres hospitales antes de ser diagnosticado. El virus se propagó, infectó a 186 personas, mató a 36 y detenerlo exigió pruebas, seguimiento y cuarentena a 17.000 personas. Se demostró la importancia de los test y Corea del Sur legisló para que las autoridades pudieran rastrear en el futuro a los positivos con salvaguarda de su identidad.

En Europa ha habido una pequeña Corea: Vó, localidad de 3.300 habitantes y foco inicial de la enfermedad que controló el brote con un programa de test generalizados. Detectaron un 3% de infectados que fueron aislados; pasados los días, el test se repitió y la tasa bajó al 0,3. Fue clave dar con los infectados asintomáticos.

La realización o no de test cambia los datos de modo sorprendente. En Corea, el mayor porcentaje de infectados se da entre los jóvenes; en Italia entre los mayores, ya en el hospital.

Los test rápidos que Sanidad anuncia para los próximos días tienen una importancia adicional en la gestión hospitalaria. La inmediatez del diagnóstico evita el empleo de recursos (aislamiento, equipos) ya muy limitados.

Estos problemas de escasez son los que nos anuncia Italia, cuya experiencia vamos conociendo. El «New England Journal of Medicine» publicó ayer un artículo a partir de entrevistas a médicos lombardos. Algunas conclusiones: todo el hospital queda infectado e incluso con protección se descontrola. El reto es extremar la higiene en ordenadores, ascensores y otras superficies en contacto con el personal cuidador. Además, la insuficiencia de respiradores ha obligado al triaje y con ello a serios conflictos éticos. Recalcan también la importancia del mensaje: la población solo aceptará las restricciones si se le dice la verdad. El mejor resultado, se desprende, lo obtendrá quien pueda ser acusado de sobrerreacción.