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jueves, 26 de marzo de 2020

Rafael, "el que sana"

 Triunfo de S. Rafael en la plaza del Potro

Triunfo en la puerta del puente


Francisco Javier Gómez Izquierdo

   A usted, que vino a Córdoba, es muy posible que le llamaran la atención las solitarias y altísimas columnas sobre las que un ángel airoso y señorial parecía vigilar el andar del paseante. Si al preguntar por aquella especie de elevadas cámaras de piedra tuvo suerte y se lo explicaron bien, recordará que los monumentos eran triunfos que los cordobeses dedicaron a partir del siglo XVII a su arcángel Custodio. Si su memoria es de nota, en estos días aciagos le vendrá a las mientes que la devoción en Córdoba por San Rafael se debe a una peste que como la presente allá a finales del XVI diezmó la ciudad con la misma falta de piedad que en éste año 20.

       Rafael significa “el que sana” y en el catolicismo, islam y judaísmo, “medicina de Dios”. Cuando llegué a Córdoba creí que celebrar S. Rafael el 24 de octubre se debía a capricho local, pues en mis tiempos de la San Miguel, finales de los 70, cobrábamos una paga a finales de septiembre en honor de un santo que no podía serlo por no haber sido humano. En tal fecha los arcángeles eran tres y se celebraban el 29 de septiembre. Los custodios o de la guarda, tres días después; el 2 de octubre. Con el tiempo descubrí que la Iglesia concedió a  los cordobeses el privilegio de mantener la festividad el 24 de octubre “como tó la vía de Dios” y que no fue hasta 1970 cuando aquélla agrupó a los arcángeles en un solo día para no dispersar, supongo, la atención de la feligresía.
    
Dice la tradición que al padre Andrés de las Roelas, enfermo pero no de la peste que azotaba Córdoba sobre el 1570, sino de hidropesía, salía a pasear a las afueras en lo que hoy sería el comienzo de Fátima, mi barrio, y en cuatro ocasiones  se le aparecieron cinco caballeros. El más apuesto y bien vestido de los cinco le manifestó que él sanaría a la ciudad y al preguntarle en una quinta aparición que quién era, ésta fue la respuesta literal: “Yo te juro, por Jesucristo crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad”. Frase que figura al pie de varios de los triunfos y que cuando usted vuelva a Córdoba puede leerla en el de la puerta del puente. Ni qué decir tiene que al poco cesó la mortandad y como nos pasará a nosotros cuando llegue la vacuna del coronavirus, todo el pueblo de Córdoba se encomendó, incluso que fanáticamente, a la “medicina de Dios”.

     De aquella fe primera en S. Rafael permanecen los votos, el nombre y su declinación, pues no hay familia en la que falte al menos un Rafael y para distinguirse entre las “parentelas cordobesas de tó la vía” está el Rafael, el Rafa, el Fael, el Fali, el Falete, el Falín, el Rafalín, el Rafalito... y claro está,  la Rafaela, la Rafi, la Rafalita...  Los Guillermo o los Gregorio también se llaman Rafael de primero o segundo, “por el abuelo”, nos sueltan cuando a los profanos nos sorprende nombre tan de Castilla. Yo, que soy un tanto friqui con lo de los nombres, fui tomado por extravagante por mi carnicero cuando le recriminé que hubiera puesto al niño Rafael Javier: “El Javier sólo admite Francisco, como tú, Paco”. “Para éso le “fuera puesto” Rafael sólo, como su abuelo y su padrino”. Si alguien llama a Rafael en el Falete de El Arcángel, donde van a comer las cuadrillas y familias cordobesas barato y abundante, es seguro que mas del 80% volverá la cabeza sintiendo que le reclaman.
      
No quiero alargar mas el asunto, pero quiero dejar constancia que S. Rafael está de continuo presente en Córdoba. No sólo en los nueve triunfos censados, sino también en miles de balcones donde luce un azulejo representativo, una hornacina, una estatuilla en el patio. Hay representaciones graciosas como la de la casa de las campanas, majestuosas como la iglesia del Juramento, lugar donde donde se apareció al padre Roelas; incluso camufladas como en la Peña Escrita.
     
En la calle Cinco Caballeros, de los que como sabemos el más elegante era S. Rafael, a escasos metros de mi casa hay una farmacia que abre los 365 días del año. Como me consta que mientras esperamos a la ciencia tenemos personal que se encomienda a sus abogados particulares, S. Roque sobre todo en las Castillas, traemos aquí al S. Rafael cordobés que seguro no sobra a nadie.