Follow by Email

viernes, 17 de julio de 2015

Dalí

Fue Dalí, y no este mejillón (Mytilus galloprovincialisdel Big Spanish Dinner 
de Barceló, lo que hizo que en el 14 el Sofidú ganara en visitas al Prado


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De los museos, no siendo el del jamón, lo único que cuenta para el Estado son las visitas.

En 2014, el Sofidú fue más visitado que el Prado, lo que lleva a Rosa Belmonte a preguntarse, como Ionesco con la lógica, qué clase de gentuza prefiere ver el “Guernica” antes que las “Meninas”.

Merecen la tasa y rumanas pidiéndoles firmas.

La tasa es el cepillo para el culto que podría imponer al turismo el Ayuntamiento, donde el culto es Zapata, el humorista de la Shoá, que escribe en Twitter. Y las rumanas que piden firmas son esas simpáticas criaturas dálmatas que rodean al turista para sacarle… una firma. (Hasta que la Urss invadió Afganistán en el 79 y los comunistas se hicieron “pro-afganos”, la Rumanía de Ceaucescu fue el paraíso con que los muchachos de Carrillo, que veraneaban en el Mar Negro, nos tentaban en la Universidad.)

La causa de que el Sofidú tuviera más visitas que el Prado en el 14 no fue el “Guernica” (“Euskadi se lleva las bombas, y para Madrid, el arte”, fue el tuit sabiniano de Arzallus), y menos aún el mejillón perdido de la paella del cuadro de Barceló. Fue el bombazo de Dalí (“¡Oh Salvador Dalí, de voz aceitunada!”), al que los comunistas de Carmena (“¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de nosotros!”) quitarán la calle, que la maldad y la burricie, cuando se juntan, traen estas cosas.
A Dalí lo pierde en la checa su famoso tuit: “Picasso es un genio. Yo también. Picasso es comunista. Yo tampoco.”

Con la lucha antifascista no se juega.

Cuando la Gestapo se llevó a Max Jacob, su protector en París, Picasso fue el único que se negó a firmar la carta escrita por Cocteau a las autoridades nazis.

No vale la pena hacer nada –explicó el miserable–. Max es un ángel. No necesita nuestra ayuda para echar a volar y fugarse de la prisión.
El miedo, concede Ullán, es hilo y libre:

Pero ¿qué no habríamos dicho si esas terribles palabras hubieran salido de los labios de Salvador Dalí?
Madrid de corte a checa.