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jueves, 30 de julio de 2015

El gen



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Vivimos en un calendario “post Dolly creatam”, y no sabemos qué vamos a encontrar cada mañana a la puerta de casa, si la oveja escocesa de Ian Wilmut y Keith Campbell o la república catalana de Arturo Mas y Oriol Junqueras.
Junqueras dice que él, antes de sacar al gen a pasear (Junqueras tiene un gen como Sócrates tenía un daimón), se mira en el espejo y, en vez de ver la España de Ercilla, Trueba o Mari Trini (¡o la Italia de D’Annunzio, la Portugal de Camoens o la América de Forest Whitaker!), ve… la Francia de Jean-Paul Sartre, ojo pipa de la liberación sexual, que tuvo más fuste que la catalana.

Junqueras se ve de Licurgo de la cuestión (a Licurgo le saltaron un ojo, y con esto conquistó el asentimiento a sus leyes), y la cuestión es si los separatistas catalanes tienen o no tienen ombligo, de modo que la Barcelona del XXI es como la Bizancio del IV, cuyos habitantes vagaban por las calles discutiendo por su identidad o parecido con Dios, que en el caso de Junqueras es Mas.
Vienen de “Gollandia”, tierra de godos, y su fisonomía me parece la más fea de todos los españoles –dice de los catalanes el mexicano fray Servando, que ve en la barretina colorada una caricatura del gorro encarnado de la libertad francesa.

Beben en porrón (“es un ramo de su economía para no gastar vino”) y tienen tres mandamientos: “libras, sous y dinés”. Sólo hablan de dinero, y para hacer limosna a los pobres “es necesario rifa”.
No hay lengua que tenga por eso más negaciones: “il n’y pas”, “n’y cap”, “n’y a res”.
Pero lo que más gracia hizo al dominico, con más peligro que un cable pelado, fue que, para preguntar por la salud de los niños, “aunque sean de los más decentes”, los catalanes decían: “¿Cómo está la canalla?”
Tienen tal ojeriza con los castellanos, que para amedrentar a los niños les dicen sus madres que viene el castellano.
Cosas del gen.
Otro día veremos cómo salen los madrileños en estas memorias servandinas de hace doscientos años.