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jueves, 16 de julio de 2015

La espera

La Mejillonera
Burgos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Lo último que hemos sabido del griego Tsipras es que nos espera.
De los griegos, ni regalos –decían los antiguos, que se sabían lo del caballo de Troya.
Los comunistas griegos van a esperar a los comunistas españoles para, juntos, pegar fuego al casino de la Unión Europea.

Hay que decir que Grecia, con dos rescates a cuestas, no ha importado a los españoles hasta que la tomaron los comunistas, y hasta el Bobo Solemne presumía de prestarle dinero para ganar más dinero. Y ya ven.

Ayer, al salir del dentista, un taxista me recibió con hipo por los griegos. Quería donar la recaudación a los abuelos atenienses, pero no sabía cómo. Tanteando la vuelta del dentista, le dije: “Si le enseño una foto de mi suegra, que con el calor lo pasa mal, ¿me perdona usted el viaje?”

Tampoco es una cosa para bromear –me contestó.

¿Y quién bromea?

Cuando Stalin pidió acogerse al Plan Marshall, Truman se lo denegó y estalló la Guerra Fría.

¿Cómo negarle ahora un crédito a Grecia?

Grecia vendría a ser la Andalucía de Europa. Si Grecia es la cuna de la democracia (directa), que es el régimen de los que no son demócratas, Andalucía es la cuna del flamenco, que es la música de los que no saben solfeo.

Lobotomizada por la telebasura, España es refractaria a la verdad, que es la lealtad para con la realidad. Ya en nuestro costumbrismo está la dificultad de distinguir entre lo real y lo ficticio, dado que lo ficticio sale siempre de la realidad, como el huevo de la gallina, y la realidad sale después de lo ficticio, como la gallina del huevo.

Nuestros joveznos creen que democracia es ausencia de normas y que todo se arregla con la lógica griega. Antes de que Valle inventara el esperpento en los espejos del Callejón del Gato, Adams, segundo presidente americano, descubrió que la historia de Grecia es como una sala de espejos en la cual todos nos reflejamos, pero deformados por el tiempo.

Grecia nos espera y todo indica que la vamos a alcanzar.